28 de septiembre 2023 - 00:00

“Una película femenina y no feminista de choque”

Diálogo con Natural Arpajou, que hoy estrena su tercer largometraje, “Unicornio”, al que define como un film sobre diferentes formas de amor.

unicornio. Sofía Diéguez (izq.) y la directora Natural Arpajou, ensayan antes del rodaje de una escena.
unicornio. Sofía Diéguez (izq.) y la directora Natural Arpajou, ensayan antes del rodaje de una escena.

Se llama Natural Arpajou. No es un apodo, es el nombre. Sus padres eran medio hippies, de los que se fueron a vivir al pie de las montañas, a cinco horas del pueblo más cercano. Anduvieron por varios lados, después ella estudió en El Bolsón y en la escuela de cine del Incaa, en Buenos Aires. Ahora vive en Pompeya, es directora de casting, asistente de dirección, guionista, consultora, docente y también directora. Hoy estrena su tercer largometraje, “Unicornio” y es como su nombre sugiere: natural, fresca, sin máscaras ni más adorno llamativo que un tatuaje de Sudamérica desbordante de flores en el brazo. Dialogamos con ella:

Periodista: Primero usted llamó la atención ganando cuatro años seguidos el premio a Mejor Corto en Mar del Plata.

Natural Arpajou: Si, subía todos los años al escenario. Con lo que ganaba de uno (horas de laboratorio, una cámara, dinero) ya iba haciendo el otro.

P.: Y todos le preguntaban cuándo iba a hacer un largo...

N.A.: Diez años luché para hacerlo, porque quería contar una parte de mi infancia, volver a esos lugares. Cuando empezamos el rodaje todo lo que el clima podía arruinar, lo arruinaba. Yo lloraba todos los días. Pero lo hicimos, lo titulé “Yo, niña”, y pasé un año más afuera, en festivales, que en mi casa.

P.: ¿Qué tan autobiográfico es ese film?

N.A.: Bueno, un día me quemé y para aliviar el dolor me tiraron al lago helado. A la nena de la película, Huenu Paz Paredes, pobrecita, no la íbamos a tirar, con ese frío. Hay cosas que me pasaron, otras que no, pero también son ciertas.

P.: El segundo lo hizo prácticamente sin dinero.

N.A.: La Casa de la Cultura era una manzana entera en medio de la villa 21 24, una bailarina del Colón daba clases de danza, otros enseñaban artes plásticas, yo daba talleres de cine, enseñaba los principios de cada oficio. De quienes iban a mi taller, hoy tres chicos están trabajando en la industria audiovisual, y otros dos están estudiando en la escuela de Avellaneda. Un día decidimos hacer “Libre”, un largo sobre alguien que vuelve después de muchos años. Se unieron unos técnicos profesionales como cabeza de equipo, y artistas como Nancy Dupláa, Gastón Pauls y Paloma Contreras hicieron algunos cameos, pero la idea, el elenco, todo era de los chicos del taller. El barrio entero participó, después hicieron rifas para viajar a Mar del Plata con la película a medio hacer, éramos treinta, ganamos el working, la terminamos, y llegó a competir en Málaga.

P.: De paso conocieron el mar.

N.A.: Recuerdo en especial a una mamá joven caminando por la alfombra roja con el cochecito de bebé. El mundo del cine te da esas emociones. Yo, mientras, trabajaba en otras producciones, como asistente de Bruno Stagnaro, de quien aprendí mucho, es fascinante verlo trabajar, o como directora de casting de Juan Martín Hsu, para “La Salada”, donde hasta logré que una coreana a punto de volverse atrasara su viaje una semana para debutar en la película, y “Diamante mandarín”, donde eran todos chinos. No sé una palabra de chino, pero nos entendíamos. Y ahora como asistente de Andrés Tambornino, que hizo una comedia en La Rioja. Un día entramos a un pueblito de 80 habitantes. ¡La avidez de esa gente por conocer algo distinto, y la generosidad, espontánea, de la gente humilde!

P.: Tambornino es el montajista de la tercera, “Unicornio”.

N.A.: El me dijo que le gusta “porque es una película femenina sin ser feminista de choque”. Tiene razón, es una película sobre el amor, con sus partes lindas y feas. Está la adolescente que recibe su primer ramo de flores, la mujer de 50 que sufre un amor tóxico con un hombre casado, la que no se siente querida como quisiera aunque el otro tenga buena voluntad, la que es reticente, desconfiada, cada una puede dejar de estar mal, o no tan mal. Son amigas, se ayudan y se ríen. Es propio del universo femenino juntarse a contar las penas, reírse de ellas y terminar bailando.

P.: ¡Bailan como si fuera una película de Bollywood y solo faltan los elefantes! En medio de un tono naturalista, usted pone esos momentos, y la escena tan linda en que la chica va caminando y a su paso predomina el color de las flores que lleva en la mano.

N.A.: La vida tiene eso. Rodamos, por ejemplo, en San Cristóbal, donde a la mañana ves a una señora comprando facturas y a los pocos metros unas chicas trasnochadas gritando guarradas. En algunos barrios hay gente tranquila y a las dos cuadras viven a los tiros. Ellas no van a cambiar el mundo. Con suerte van a mejorar sus vidas.

P.: Las películas sentimentales transcurren en ambientes de clase media. En cambio sus personajes son gente común. ¿Qué le dijeron los productores?

N.A.: Son Junco y Midú, los del Cine con Vecinos, de Saladillo. Fuimos compañeros de estudios, y estuvieron de acuerdo con la idea. Nos tenemos mucho afecto, más allá de las diferencias. Respetaron mis propuestas, y en algunas cosas me hicieron sus observaciones siempre con amor, solidez y fundamentos. Ojalá todos los productores fueran como ellos. “Unicornio” no se habría podido hacer sin ellos.

P.: No hemos hablado del elenco. Nancy Duplaa aparece desnuda, un desnudo muy cuidado, por supuesto.

N.A.: “Natu, esto lo hago por vos”, me dijo. Ella, que es una amiga, y Julieta Venegas, que nos autorizó una canción, cobraron la mínima, algo simbólico. Lo mismo Mimí Ardú, amorosa, que hace un cameo, Nicolás Pauls, los colombianos Carolina Ramírez, que en su país es una estrella, y John Narváez, el personaje romántico. Después están Sofía Diéguez, que trabajó en “Pequeña Victoria”, Camila Azul Sosa y otros chicos del taller, como actores o técnicos, Bimbo Godoy, los aportes de Lucy Patané y Javiera Mena, todo el mundo trabajó más que nada por el gusto de participar. Los artistas tienen eso. Para una escena de “Yo, niña” quería un tema de Palito Ortega. Me dijo “los derechos son de otro, te va a cobrar una fortuna”, y al otro día me llamó. Había grabado otra versión, específicamente para mi película, y solo tuve que pagar la mínima a Sadaic.

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