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Una seguridad obsesiva contra la amenaza narco
Militares patrullaban las regiones más violentas como Veracruz, Tamaulipas, Nuevo León y Guerrero, donde operan poderosos cárteles como Los Zetas y el de Sinaloa, del capo Joaquín el «Chapo» Guzmán, que disputan a sangre y fuego las rutas de la droga.
Marinos encapuchados custodiaban las mesas electorales en Veracruz (este), donde un tiroteo dejó dos muertos en un asalto cerca de una mesa de votación en el municipio de Ozuluama, lo que retrasó su apertura y ahuyentó a electores y fiscales. «La gente tiene mucho temor», afirmó Antonio Manjarrez mientras intentaba reinstalar las urnas con personas que esperaban en fila para votar.
En la última semana hubo muertes y amenazas a autoridades y candidatos locales en Veracruz, en uno de cuyos municipios apareció el jueves el cadáver -cubierto de propaganda electoral- de una alcaldesa, quien había sido secuestrada.
«Con las cosas que han pasado en las últimos días preferimos venir temprano a votar, luego nos reuniremos en familia, no hay que andar por la calle», dijo Carmen González, un ama de casa en Nuevo Laredo (Tamaulipas, norte) en referencia al estallido el viernes de un coche-bomba, con un saldo de siete heridos.
«Lamentamos mucho lo sucedido. Hemos reforzado la seguridad en el municipio de Nuevo Laredo», respondió el procurador de Justicia de Tamaulipas, Aníbal Pérez.
Mientras tanto, el sábado en el estado de Guanajuato, un representante de la izquierda ante una junta electoral local fue asesinado. «Pedí apoyo para resguardar el orden, todavía las condiciones son favorables para que puedan salir a votar, dijo al respecto el gobernador Héctor López.
Asimismo, en Guerrero (sur de México), un candidato a alcade del opositor PRI secuestrado por desconocidos el sábado fue encontrado golpeado al borde de una ruta.
Pese a ser uno de los estados más azotados por la guerra entre el cartel del Golfo y el de los Zetas, la afluencia a las urnas en Nuevo León (noreste de México) fue marcada en las primeras horas de la jornada. «Tenemos patrullajes por todos lados», afirmó el vocero de la gobernación, Jorge Domene.
«La seguridad es lo más importante, fue lo que determinó mi voto. Aunque no le puedo decir por quién voté», dijo Gabriel González, un profesor de 49 años, en el centro de Monterrey -capital de Nuevo León y la tercera en importancia del país-, cerca de un cuartel policial, cerrado desde que fue atacado con disparos y una granada a inicios de este año.
Nidia Garza, un ama de casa de 30 años, del municipio de Apodaca (vecino de Monterrey), consideró que «si no empezamos por tener más seguridad no podemos tener nada».
En Ciudad Juárez, la más violenta del país, se desplegaron ayer 3.000 policías y agentes de tránsito municipales, elementos de la Procuraduría General de Justicia y de la Agencia Estatal de Investigaciones. En los últimos años la ciudad se ha visto azotada por la violencia derivada del narcotráfico con más de 9.000 asesinatos y por la corrupción de autoridades y policías. «Iré a emitir mi voto, pero también estoy acreditado como observador ciudadano para vigilar que no haya cosas extrañas», dijo Marlon Martínez, maestro de una escuela preparatoria de esa localidad.
En sectores de la ciudad con mayor rezago en infraestructura y falta de vigilancia, la ciudadanía está tan decepcionada como expectante.
«Que la gente en plena conciencia elija, para al siguiente día de la elección empezar a exigir, participar, opinar, y luchar por una vida sin miseria, sin violencia y sin terrorismo de Estado», indicó Verónica Corchado, una activista social que colabora en el grupo Colectiva: Arte, Comunidad y Equidad.
Agencias AFP y DPA


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