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UNASUR: sigilosa gestión por candidatura de Lagos
Michelle Bachelet escoltada por Ricardo Lagos y el embajador itinerante de Kirchner, Rafael Follonier (izq.), en los homenajes en Chile por la mediación papal.
En Costa da Sauípe, durante la triple cumbre regional -Mercosur, UNASUR y CALC- la proclamación del patagónico quedó colgada de un hilo demasiado delgado. La negativa, férrea, de Tabaré Vázquez, demoró la resolución, más incierta que nunca, para abril.
Fue allí donde surgió, en algún punto previsible, el nombre de Lagos. De todos modos, para la Casa Rosada y el Palacio San Martín fue una sorpresa y de las peores. Por eso, fuera de protocolo, Kirchner rastreó indicios sobre esa alternativa en el Gobierno chileno.
Usó un circuito informal: Rafael Follonier, funcionario con despacho en la Casa Rosada, integrado a esa abstracción llamada Unidad Presidencia; casi un embajador itinerante sin cartera pero con pasaporte diplomático. Opera, claro, vía joystick desde Olivos. Raíces que exceden su funcionalidad ocasional a los Kirchner, vinculan a Follonier con los socialistas chilenos. Historias, algunas inconfesadas, casi ninguna escrita, muchas apasionantes, de otros tiempos de más agitación en la América Latina.
Esos vínculos explican que Follonier haya compartido con Michelle Bachelet y Lagos, el último lunes, en el Santuario de Maipú -sitio de la batalla del '18 que consolidó la independencia de Chile- la misa por los 30 años de la mediación papal por el Beagle.
Por esa presencia, y su reproducción en los diarios chilenos, lo que fue una gestión sigilosa se volvió hipervisible. En rigor, a Kirchner, más allá del protocolo, le importaba saber si efectivamente en los planes chilenos figura la candidatura de Lagos.
La respuesta, si es que hubo alguna, la guardan con rigor marcial Kirchner y Follonier. En Cancillería, sin novedad. Por otras vías, desde Santiago, se deslizó un comentario técnico: Lagos, que abandonó la competencia presidencial, tiene cargo en la ONU por dos años más.
La oposición chilena se dedicó, apenas sonó la versión sobre Lagos, a bombardear al ex presidente y a Bachelet sobre la eventual postulación a comandar la UNASUR, organismo que, por otro lado, todavía no fue ratificado por el Congreso chileno.
Pálpitos
Los pálpitos, de todos modos, son menos auspiciosos. Sólo basta rastrear las palabras que, en Brasil, dejó caer Rafael Correa, ecuatoriano que promovió la candidatura de Kirchner para la UNASUR y hasta ofrendó mudar temporalmente la sede oficial de Quito a Buenos Aires.
Interrogado sobre una eventual postulación de Lagos, Correa abrió el paraguas: «Puede ser... pero yo apoyo a Kirchner». Todo se explica: el ecuatoriano había lidiado, puertas adentro, con la postura mayoritaria de los mandatarios de la región sobre el concepto de «consenso».
Cuando se difundió la resistencia de Montevideo Kirchner, extremo, llegó a decir que pediría que se vote. Según su conteo -que le actualizara, cada tanto, Follonier, viajero en busca de avales- contaba con el respaldo de once de los doce países miembros de la UNASUR.
Pero en Costa da Sauípe, Kirchner perdió la batalla dialéctica. Correa remó a favor de que el «consenso» que establece el reglamento de la UNASUR para elegir al secretario ejecutivo no supone unanimidad sino que debe, por operatividad, traducirse como mayoría.
Perú y Colombia -Uruguay se mantuvo en silencio- expresaron su disidencia. Chile, con Bachelet coordinando la cita, invitó al debate, y para sorpresa de Cristina de Kirchner, el ex obispo Fernando Lugo, presidente del Paraguay, irrumpió con una postura que perjudica a Kirchner. «Como hombre formado en la religión, siempre invito al consenso. No creo que votar sea lo más oportuno», dijo. Era lo que, antes, con otros modos, expusieron Perú y Colombia, no casualmente dos gobiernos que miraron de reojo la candidatura de Kirchner.
Atajo
El debate quedó en suspenso hasta fines de abril. Para entonces, quizá Kirchner tenga a mano el atajo perfecto para correrse del entrevero regional: su cada vez más inevitable candidatura a diputado nacional por el FpV en la provincia de Buenos Aires.
Creer o reventar: el patagónico aparece, al menos en las encuestas oficiales, como la figura con mayor intención de voto en el elenco K. Lo escolta, varios puntos atrás, el jefe de Gabinete, Sergio Massa. Son, a esta altura, las únicas dos cartas fuertes de la Casa Rosada.
La urgencia doméstica, en un año que se prenuncia furioso, hará olvidar rápidamente a Kirchner de la aventura de la UNASUR que, en definitiva, se parece demasiado a un capricho que la negativa de Tabaré Vázquez no hizo más que elevar al rango de asunto de Estado.


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