Urlezaga: una “Traviata” sin voces, con el idioma del cuerpo

Edición Impresa

Tres versiones de «La Traviata», de Giuseppe Verdi habrá visto Buenos Aires durante esta temporada cuando se estrene el viernes de esta semana (con repeticiones el sábado 12 y domingo 13) la primera realización coreográfica firmada por el bailarín platense Iñaki Urlezaga.

La popularidad de una de las más bellas creaciones de Verdi hizo que dos asociaciones de ópera alternativa como Buenos Aires Lírica y Juventus Lyrica abrieran y cerraran, respectivamente, sus temporadas con la puesta en escena de esta obra. Ahora, en esta propuesta, la ópera ha perdido sus palabras. Estas han sido sustituidas por el maestro argentino Luis Gorelik por instrumentos que «hablarán» por ellas. Dialogamos con Urlezaga.

Periodista: Hábleme de su concepción para concretar esta «Traviata» bailada y sin canto...

Iñaki Urlezaga: Es un poco indescriptible, pero voy a tratar de explicar cuáles son las coordenadas que utilicé en su realización. Digamos en principio que es de concepción clásica. Para mis diseños coreográficos le pedí a Luis Gorelik una partitura donde las voces de los personajes principales, secundarios y del coro fueran sustituidas por otras voces: las de los instrumentos de la orquesta, y así lo hizo. La obra se ha respetado casi por completo, tiene una hora y media de danza y, con el intervalo, el espectáculo llega a dos horas. La ópera original está estructurada en tres actos y nosotros la hemos transformado en un ballet en dos actos, la escena de la fiesta y la del campo en el primero y la fiesta en lo de Flora y la escena de la muerte en el segundo.

P.: ¿Con qué lenguaje coreográfico ha trabajado este ballet?

I.U.: Uní la técnica clásica y los procedimientos del ballet romántico. Aunque también fui muy realista para describir algunas de las acciones. La intención fue retratar la intensidad de esta historia de amor a través del lenguaje corporal.

P.: ¿Sacrificó su lugar protagónico para dárselo a su partenaire? Violetta centraliza la ópera de Verdi.

I.U.: No. De ninguna manera. «La Traviata» es una gran historia de amor y toda historia de amor se vive de a dos. Por lo tanto los protagonistas somos Violetta y Alfredo, los amantes, sin que una de las dos figuras vaya en detrimento de la otra.

P.: ¿Lo inspiraron otras obras coreográficas basadas en óperas como la «Manón», de MacMillan?

I.U.: Miré mucho la ópera y escuché mucho su música para componer este ballet, pero no tuve modelos de otras obras líricas que sirvieran de inspiración para hacer ballets. Después de mucho tiempo de pensarlo y de trabajar en la coreografía, miré la película de Franco Zeffirelli, pero no podría decir que fue un modelo de inspiración.

P.: ¿Cuánto tiempo le llevó la preparación?

I.U.: Un año y medio desde que comenzamos las conversaciones con Gorelik para concretar la nueva partitura. Ahora, desde septiembre estamos ensayando la obra que es muy compleja porque es una verdadera superproducción. Hay 40 bailarines en el escenario y 70 instrumentistas en el foso. Se han respetado todos los personajes protagónicos (Violetta, Alfredo, el padre) pero también los secundarios. Además he agregado el personaje de una «Madame» y el Personaje de La Muerte, que en la ópera no aparecen y que yo he creado basándome en la novela de Dumas.

P.: La ópera de Verdi es muy crítica con respecto a una sociedad hipócrita y burguesa como la que rodea a los amantes. ¿Usted conservó esa actitud crítica en la obra?

I.U.:
Traté de hacerlo. Están presentes la magnificencia y la opulencia del París del Ochocientos pero también la intimidad de los amantes, como la escena jugada en la casa de campo. Creo que el contraste valoriza la oposición entre lo público y lo privado y también la vida de la alta burguesía en contraste con otros sectores populares.

P.: Hábleme sobre cómo se generó el trabajo con Luis Gorelik.

I.U.: La historia de este ballet comenzó hace tres años antes. Me interesé por «La Traviata» por consejo de un músico amigo, Andrés Rizzo. A través de su estímulo comencé a pensar en una obra coreográfica que contuviera la ópera. Como coreógrafo lo que más me asustaban eran los tiempos de los cantantes. Entonces traté de adaptar los materiales musicales a las posibilidades que ofrece el ballet. Además me rodeé de magníficos profesionales para concretar un gran espectáculo: la escenografía la diseñó Daniel Feijóo, el vestuario Verónica de la Canal e Iaia Cano, las luces son tarea de Gabriel Lorente y la dirección del Ballet Concierto que me acompaña la ejerce Lilian Giovine. Tenemos en vivo, además, a la Orquesta Sinfónica de Salta con dirección de su titular, justamente Gorelik, lo que significa un gran esfuerzo de producción.

P.: Luego de Salta y Buenos Aires, ¿le espera una carrera internacional a «La Traviata»?

I.U.: Es posible. No tengo nada decidido todavía pero es probable que la llevemos en gira.

P.: ¿Quién será Violetta en estas funciones?

I. U.: Eliana Figueroa, una bailarina salteña que hace cinco años que está en mi compañía. Con ella hemos tratado de capturar el espíritu de la danza de la escuela inglesa, que es una manera especial de caracterizar a los personajes a través de la danza. No la escuela en sí. Somos bailarines de formación argentina, pero buscamos esa espiritualidad de la danza inglesa que define a los personajes de un trazo.

P.: ¿Cómo ve los anuncios hechos por el Teatro Colón y el Teatro Argentino de La Plata con respecto al ballet para el 2010?

I.U.: No me han llamado mucho la atención, Creo que es más de lo mismo. Se van a traer producciones de otros países en lugar de confiar en la de los artistas y técnicos argentinos.

P. Pero usted está reponiendo en unos días en La Plata, el «Cascanueces».

I. U.: Sí. Si es por eso que estoy trabajando a full.

P.: ¿Los teatros oficiales lo han llamado para hacer algo en el Bicentenario?

I. U.: No todavía. Pero creo que hay tiempo aun.

Entrevista de Eduardo Giorello

Dejá tu comentario