15 de diciembre 2010 - 00:00

V. Llosa: la historia supera lo novelesco

V. Llosa: la historia supera lo novelesco
Mario Vargas Llosa «El sueño del celta» (Bs.As., Alfaguara, 2010, 454 págs.)

Todo comienza como en una gran novela del siglo XIX. Se abre la puerta de una celda y la luz que penetra deslumbra y asusta al hombre encarcelado: Roger Casement, un irlandés sentenciado a muerte por traición, homosexualidad y pedofilia. Tiene una visita, le informa secamente el sheriff. Es la del abogado que lo defiende, y también el del lector que es llevado por la pluma de Vargas Llosa. El abogado le informa que el indulto se ha complicado por las acciones bélicas de Alemania y porque en su domicilio Scotland Yard encontró sus «Diarios Negros» y «cómo pudo ser tan insensato de poner en tinta y papel semejantes cosas, hombre de Dios». A partir de allí, con su habitual maestría, el gran escritor peruano abre dos planos narrativos, que irá mezclando alternativamente, en constante vaivén, y le servirán para contar la vida de ese hombre rebelde que espera que lo perdonen o lo envíen a la horca.

Un universo es la vida de encierro, donde rememora los principales acontecimientos de su vida. El otro se lanza por ese andariego destino que lleva a Casement a los 19 años de Gran Bretaña a Africa, primero al Congo Belga, luego como cónsul a Nigeria, para después pasar a América. Comisionado por el Foreign Office, viaja a la Amazonia peruana para investigar las denuncias recibidas contra la compañía cauchera Peruvian Rubber Company. Todas esas experiencias, que irán transformando el pensamiento y los sentimientos de Casement, están jalonados como hitos en detallados y sobrecogedores informes donde denunció las atrocidades del colonialismo y de la explotación mercantil. Una última etapa tiene que ver con su conversión ideológica que lo lleva de su fidelidad a Inglaterra a la militancia en el nacionalismo irlandés que busca la independencia y que, en plena Primera Guerra Mundial, lo hace intentar conseguir la ayuda de Alemania para la liberación de su patria. Esto hace a la condena por traidor que le impone Gran Bretaña y que llega a utilizar en su contra (vale recordar lo que le sucediera en esa época a Oscar Wilde) esos «Black Diaries» donde Casement ha anotado sus peripecias sentimentales con muchachitos, y que lleva a que Vargas Llosa se pregunte «¿existieron de verdad, y él los escribió con todas sus obscenidades pestilentes, o fueron falsificados por los servicios secretos británicos para ejecutar también moral y políticamente a su antiguo diplomático, a fin de un escarmiento ejemplar y disuadir a potenciales traidores?».

La historia de la novelesca vida de Casement dice el escritor peruano que la encontró por primera vez mencionada en «El corazón de las tinieblas» donde Joseph Conrad describe la brutalidad de los europeos con los africanos, que a partir de allí se interesó en la leyenda de este europeo que enfrentó el colonialismo. Más allá de este dato, el tema del poder despótico, totalitario, arbitrario, y la codicia que lo impulsa, es esencial a la obra de quien la Academia Sueca acaba de otorgar el Premio Nobel de Literatura por su «cartografía del poder». Acaso por excesivamente documentada, acaso por enaltecer en sus contradicciones a su protagonista, o por dedicarse más al detalle histórico que a explorar las causas de la transformación de su héroe, mostrar el pasaje que lo lleva de ser sensible a persona que enfrenta lo establecido, no alcanza las alturas de algunas de sus otras novelas históricas, donde están especialmente «La guerra del fin del mundo» y «La fiesta del Chivo», y también «Lituma de los Andes», «El Paraíso de la otra esquina».

M.S.

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