6 de marzo 2019 - 00:01

El bolívar da paso al dólar en la economía cotidiana

Caracas - Hacerse la manicura, comprar un vestido de lentejuelas o un simple litro de leche; en Venezuela, el país de la revolución bolivariana, todo se puede si se tienen dólares, pero a condición de ser discretos.

“Claro que recibimos dólares, podemos probar también con su tarjeta de crédito internacional, si pasa no hay ningún problema”, dice amable y pragmático el encargado de un restaurante de Caracas. En medio de la crisis económica, rechazar a un cliente no es una opción.

La moneda venezolana se hunde sin freno. Desde agosto pasado, cuando el presidente Nicolás Maduro decretó una devaluación de 96%, la moneda ha perdido adicionalmente 98% de su valor y a principios de marzo se cambia a unos 3.000 bolívares por dólar, aunque cada día varía la tasa.

“Hace dos o tres meses que comenzamos a recibir dólares. Es algo que se hace por debajo de la mesa, si se llega a saber podría dañar el negocio”, dice el gerente del restaurante, al señalar su obligación de declarar y pagar impuestos en bolívares.

Con vestidos de lentejuelas y sandalias doradas, la tienda de Madeleine apunta a una clientela acomodada y, sin ser exorbitantes, sus precios están calculados en dólares. “Claro, si alguien lo pide le doy el precio en bolívares al cambio del día, sino perdería demasiado. Importo todo de Los Ángeles y lo pago en dólares. Tengo que mantener mi negocio”, dice.

Los vestidos que vende cuestan unos 50 dólares, casi ocho veces el salario mínimo de 18.000 bolívares (seis dólares). Quienes ganan ese sueldo apenas pueden comprar dos kilos de arroz y dos de harina.

En uno de los centros comerciales más elegantes de Caracas, hacerse la manicura cuesta cuatro dólares. La encargada pide solamente que se le pague con billetes pequeños porque no tiene cambio.

También una tienda de souvenirs, con productos típicos venezolanos, chocolate y café, recibe los billetes verdes: una tableta pequeña de chocolate cuesta tres dólares.

Mientras que los supermercados muestran heladeras vacías y acumulan el mismo recipiente de salsa de tomate en varios estantes para que no luzcan desnudos, en los puestos del mercado de Chacao, un barrio de clase media, se ofrece de todo: frutas, pescados, carnes, delicateses. Siempre y cuando se pague el precio: un litro de leche cuesta 8.000 bolívares “o tres dólares”, aclara rápidamente el vendedor. Equivale a medio salario.

Agencia AFP

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