Vía libre del Congreso a remoción formal de Redrado

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No fue ni un dos a uno ni un tres a cero. En realidad, el «consejo» emitido ayer por la Bicameral debe leerse por los argumentos de cada informe y no por resultado final. Julio Cobos terminó recomendando la remoción de Martín Redrado, pero no por los argumentos que elevó el Gobierno (el incumplimiento del DNU que creó el Fondo del Bicentenario), sino por la conducta previa del Central al tolerar presuntamente la falsedad en los indicadores de inflación que provee el INDEC e incumplir entonces con ese aspecto central en el cuidado del valor de la moneda. En otras palabras, dijo que existen causales anteriores que demuestran que el BCRA ha tolerado que se falseen los índices.

Pero hay un dato clave en el informe de Cobos que se diferencia de los demás: le aconseja a Cristina de Kirchner que la única solución para salvar los conflictos políticos y jurídicos que desataron la crisis es que se acepte la renuncia presentada por Redrado «que usted y el jefe de Gabinete le solicitaron». Lo hizo a pesar de la presión que todo el radicalismo hizo para que no se expidiera, incluso con ruegos telefónicos hasta último momento. No tuvieron éxito.

El voto del kirchnerista Gustavo Marconato a favor de la remoción ya estaba cantado, al punto que su informe fue redactado hace varios días por la propia Casa Rosada.

Alfonso Prat Gay finalmente eligió diferenciarse, pero con argumentos similares a los utilizados por Cobos: declaró no recomendar el desplazamiento de Redrado por las causales esgrimidas por Cristina de Kirchner, avanzando en la necesidad de investigar los cinco años y medio de gestión de Redrado junto con todo el directorio que lo acompañó. De hecho, se impulsará que esa investigación continúe mañana en la misma Bicameral que sesionó hasta ayer, pero integrándola con los miembros del Senado que aún no juraron en el cargo.

La presión de Elisa Carrió sobre Prat Gay tuvo sus frutos ayer a la mañana. La líder de la Coalición Cívica no quería bajo ningún concepto quedar en la misma línea que Cobos ni, mucho menos, apoyando la remoción de Redrado.

Fue el dictamen al que pudo llegar Prat Gay en medio de las pujas que existieron hasta último momento en la Coalición Cívica para que no alineara su decisión final con la remoción que recomendó el resto de la Bicameral. Por la mañana, el bloque de la Coalición Cívica volvió a reunirse para convencerlo de tomar esa posición. No fue fácil: la Bicameral debió pasar dos veces a un cuarto intermedio por los debates entre Prat Gay y Elisa Carrió y los que giraban también en torno a Cobos, que había quedado descolocado ante la posición de la Coalición Cívica. En uno de ellos, Prat Gay salió del Congreso en un taxi hacia el departamento de la jefa de la Coalición, en la avenida Santa Fe.

Así, la posición final que tomó fue un éxito directo de Elisa Carrió, que anoche festejaba el haberse diferenciado de Cobos prometiendo seguir adelante con la investigación de todo el directorio. No es para menos: los argumentos más duros en contra de Redrado y sus directores por no haber cumplido con el artículo 3 de la Carta Orgánica del Central habían sido provistos precisamente por Prat Gay.

Sólo negando las causas invocadas por el Gobierno en torno al incumplimiento del DNU del Bicentenario por parte de Redrado permitieron a la Coalición Cívica escapar de una foto junto a Cobos y Marconato al rechazar la remoción.

La propia Carrió anunció que mañana se presentarán ante la comisión para denunciar a todo el directorio por incumplir con los controles que debió realizar sobre la inflación y comenzar así una investigación que involucra a Redrado, aunque ya no pueda hablarse de su destitución, pero sí de los que los acompañaron y aún siguen en su puesto, como el caso de Miguel Pesce.

Los argumentos de Cobos fueron también terminantes, aunque el lenguaje elegido para expresarlos haya seguido las costumbres vaticanas. El vicepresidente creyó tener resuelta su posición el lunes pasado ante la decisión primera de Prat Gay de apoyar la remoción de Redrado. Pero luego todo cambió con la presión de Carrió.

Tras frenéticos cambios de último momento en la redacción, terminó recomendando la destitución, pero por razones distintas de las invocadas por el Gobierno, y a las 21 despachó junto con los demás la carta final a Cristina de Kirchner.

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