20 de mayo 2009 - 00:00

“Vinieron mujeres que huían del destino boda o convento”

Para el historiador uruguayo, «en los documentos históricos están los hechos extraordinarios, pero no los cotidianos, por ejemplo de qué se reía la gente en cada momento o qué la apasionaba».
Para el historiador uruguayo, «en los documentos históricos están los hechos extraordinarios, pero no los cotidianos, por ejemplo de qué se reía la gente en cada momento o qué la apasionaba».
La historia de un centenar de mujeres que en 1550 se lanzaron en una expedición hacia el Río de la Plata y descubrieron que estaban huyendo del destino que les había sido marcado, impulsó al historiador uruguayo, nacido en Copenhague en 1959, y actualmente residente en Sevilla a escribir su segunda novela histórica, «María de Sanabria». En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo se decidió por la novela histórica?

Diego Bracco: Mi formación específica es en historia y trabajo en documentación sobre el pasado indígena de la Cuenca del Plata. Empecé a ir a Sevilla buscando documentación del Archivo General de Indias. Ahora además participó, asociado con gente de arqueología, en programas de investigación del pasado indígena temprano. Esa labor académica diría que se lleva la mitad de mi esfuerzo intelectual.

P.: ¿Qué vio ausente en la Historia que podía aportar una novela?

D.B.: Hay muchas cosas que están en la documentación pero con limitaciones porque los documentos registran cosas determinadas y omiten otras. Nunca habrá, en los archivos que se visiten dentro de 200 años, la descripción de un café, salvo que allí haya habido un crimen, como para que en el juzgado queden datos. En los documentos están los sucesos extraordinarios, pero no la normalidad. No está de qué se ríe la gente ni por qué se apasiona. En una novela actual es fácil entender cuándo un personaje tiene un gesto de mal gusto, pero con documentos del siglo XIX no puedo saber qué era para esa gente un acto de mal gusto.

P.: Y así llegó a «El mejor de los mundos»...

D.B.: Con esa primera novela gané el Premio de Narrativa Universidad de Sevilla, uno de cuyos jurados era Arturo Pérez-Reverte; yo lo fui al año siguiente como resultado de haberlo ganado. En «El me-jor de los mundos» buscaba hacer un relato de conjunto de las guerras civiles de la independencia de Sudamérica.

P.: Cuéntenos la génesis de «María de Sanabria»

D.B.: La expedición de Sanabria, el tercer adelantado del Río de la Plata, aporta relativamente poca documentación porque fue un conjunto de fracasos. Pero dio paso al hecho excepcional de que una expedición de mujeres al Río de la Plata fuera posible. Si bien Sanabria muere, la corona precisaba urgentemente que alguien reestableciera cierta legitimidad en el poder. Los europeos que se habían refugiado en Asunción del Paraguay, luego de huir despoblando Buenos Aires, tenían una dominación muy fuerte sobre la población indígena, especialmente la femenina. Se llamaba a la región «el paraíso de Mahoma», aludiendo a las 72 mujeres que de acuerdo al Corán corresponderían a cada hombre. Ahí llega Cabeza de Vaca, ahí es donde los derrocan, y reponerlo era enormemente difícil. La corona decide nombrar a otro que sea obedecido bajo la promesa de que no habrá castigos. Al morir Sanabria la capitulación deja a cargo a su hijo varón, que no viaja. En cambio vienen la viuda, las hijas y medio centenar de mujeres.

P.: Tiene algo de utopía feminista.

D.B.: Ese grupo de mujeres en el Golfo de Guinea son atacadas por corsarios, y un historiador argentino dice que «esas damas veían acercarse al pirata francés aterrorizadas, llorando en la popa del navío». Eso no es coherente, por lo pronto desde la perspectiva narrativa, con mujeres de esa naturaleza. La emblemática María, esa joven noble sevillana convertida en navegante, logró soltar amarras del destino de la época: el casamiento o el convento. Además, antes de partir de España fue prometida al hijo mestizo de Hernán Cortés. Tuvo un hijo cuando llegaban a la costa del Brasil, donde el barco naufragó. Y con ese chico llegó a Asunción, cosa que le llevó más de 5 años. Ese chico fue el obispo Trejo, que fundó la Universidad de Córdoba. Luego, María tuvo un segundo hijo con otro hombre, , que fue Hernandarias, Hernando Arias de Saavedra, varias veces gobernador desde Buenos Aires. Esas mujeres, conducidas por María, hacían lo que querían.

P.: ¿Qué se propuso con su novela?

D.B.: Hacer el relato desde que se gesta la expedición de estas mujeres: Menche Calderón viuda de Sanabria, María de Sanabria, su hija o hijastra, dos hijas más y otro medio centenar de mujeres. La corona permitió seguir esa expedición para terminar con el «paraíso de Mahoma» que había poblado de descendientes mestizos que bajaban a fundar Corrientes o Buenos Aires. La corona temía que si no llegaban mujeres europeas dejara de haber una clase dominante y, por tanto, el territorio estaría en riesgo. Así se sumaron tres factores: necesidad de la corona de un poder legítimo, necesidad económica de que la viuda no retirara su dote, y necesidad de mujeres que perpetuaran la clase dominante en el nuevo territorio. Yo busco describir el contexto en que se gesta la expedición que se inicia con una intención y se convierte en la fuga de mujeres que no querían someterse al destino a las que las obligaba la sociedad en el 1500: casarse con la Iglesia o por la Iglesia. María de Sanabria se aparta del destino establecido, junto a las que se volvieron sus camaradas.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

D.B.: En un libro sobre indígenas que se ocupa de algo que me resulta fascinante. Hubo en las tierras bajas de Buenos Aires, de Uruguay, del sur de Brasil un fenómeno conocido como «cerritos de indios», miles de construcciones habitadas durante miles de años por una población de la que no sabemos nada. Y luego trabajo en una reinterpretación del pasado indígena regional, donde el mundo charrúa resulta ser más argentino que uruguayo. En novela sigo con mujeres como protagonistas, en un intento de comprenderlas.

Entrevista de Máximo Soto

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