13 de enero 2009 - 00:00

Volvió Cristina: ayer con ministros; mañana, más anuncios

Los ministros volvieron a desfilar ayer por la residencia de Olivos. Carlos Tomada y Florencio Randazzo fueron los primeros que se reunieron con la Presidente.
Los ministros volvieron a desfilar ayer por la residencia de Olivos. Carlos Tomada y Florencio Randazzo fueron los primeros que se reunieron con la Presidente.
Cristina de Kirchner volvió a aparecer ayer con agenda de Gobierno, aunque aún dentro de la residencia de Olivos. Con un ritmo más relajado después de su indisposición el jueves pasado, que el médico presidencial, Luis Buonomo, diagnosticó como lipotimia y deshidratación, la Presidente recibió por primera vez a ministros e intendentes, que habían visitado la residencia también para reunirse con Néstor Kirchner (ver nota aparte). «Creo que para el miércoles voy a estar en condiciones», les dijo Cristina de Kirchner a los funcionarios que la visitaron para garantizar personalmente su futura agenda.
El comentario aludió al acto que mañana tiene previsto encabezar en la quinta de Olivos para anunciar medidas destinadas al sector agropecuario, aunque su reaparición pública sigue dependiendo de la opinión de los médicos, que ayer volvieron a realizarle chequeos.
La primera reunión «privada» fue con el ministro de Trabajo, Carlos Tomada; luego con la ministra de Producción, Débora Giorgi, y el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, para ultimar los detalles de las medidas para el campo que anunciará mañana.
Hubo también preparativos para el viaje a Cuba que debería iniciarse el domingo, aunque todavía algunos detalles estén en duda. Por ejemplo, se sabe qué legisladores integrarán la comitiva. Miguel Pichetto, presidente del bloque oficialista del Senado, ya fue convocado para que esté en Buenos Aires el fin de semana, listo para embarcar. El problema que preocupa al Gobierno es la oportunidad de ese viaje: Cristina de Kirchner estará en La Habana y luego en Venezuela justo durante la ceremonia de asunción presidencial de Barack Obama en Washington, un gesto muy alejado de las intenciones de una apertura hacia el nuevo Gobierno estadounidense.

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