5 de septiembre 2011 - 00:00

Wainraich: “Ya era hora de ir más allá del stand up”

Sebastián Wainraich: «En ‘La Biblia y el calefón’ no buscaré competir con el recuerdo de Guinzburg sino cumplir mi papel de conductor lo mejor que pueda».
Sebastián Wainraich: «En ‘La Biblia y el calefón’ no buscaré competir con el recuerdo de Guinzburg sino cumplir mi papel de conductor lo mejor que pueda».
«Esta obra tiene 30% de stand up y 70% de teatro. No es que estemos cansados de los monólogos, pero nos pareció bueno cambiar», dice Sebastián Wainraich, quien encabeza «Cómico 5», el nuevo show del grupo que se completa con Peto Menahem, Martín Rocco y Dan Breitman y que se ve desde el fin de semana en el Paseo La Plaza.

A diferencia de las ediciones anteriores (casi diez años) esta vez quitaron del título el «stand up» pues se volcaron a un formato nuevo para ellos: se desvanece la idea del presentador y los monologuistas. Con producción general de 15 Músculos, Diego Scott, Pablo Fábregas y Natalia Kleiman, «Cómico 5» tiene textos y dirección colectiva de sus miembros.

Dialogamos con Wainraich sobre este nuevo espectáculo pero también sobre su conducción de «La Biblia y el calefón», que se lanza el 18 de septiembre por «Canal 13» (irá los domingos a la noche para competir con «El hombre de tu vida» en «Telefé»).

Periodista: Luego de casi diez años innovaron bastante en la idea del stand up y viraron a una propuesta más teatral. ¿Se aburrieron del formato?

Sebastián Wairaich: Es un camino que decidimos hacer desde lo racional y desde lo emocional, porque fue lo que surgía de nosotros. No es que estemos cansados de los monólogos pero nos pareció interesante trazar nuevas variantes. Entonces agregamos situaciones para poder compartir el escenario e interactuar, algo que antes no ocurría.

P.: ¿A qué atribuye el éxito de casi diez temporadas con el mismo título, «Stand up», pero con shows relativamente diferentes?

S.W.: Lo fundamental es que la gente la pasa bien y se divierte, puede haber también momentos de identificación y existe un público cautivo para este show. Arrancamos con funciones agotadas, ya es un clásico de la medianoche. Esta vez hasta hay guiños en relación a espectáculos anteriores que están dirigidos al público que nos sigue hace años, pero desde luego no se trata de un show sólo para entendidos. Creo que si seguíamos sólo con stand up había un techo, entonces seguimos partiendo de la idea de que somos cuatro chicos que nos tratamos mal entre nosotros pero nos queremos.

P.: Con estas obras se desarrolló una suerte de fanatismo o acaso interés, que llevó a mucho público a hacer cursos de stand up ¿usted estudió?

S.W.: Hice cursos con Martín Rocco, creo que todo lo que aporte para enriquecerse es válido. En los cursos se ven fórmulas y se muestra material de muchos comediantes de todo el mundo. Luego está la practica, se escribe y te ayudan a mejorar. Es bueno que haya decenas de monologuistas y con el tiempo el publico juzgará. El stand up es una propuesta sana, uno va al bar o al teatro a reirse con monologuistas que hablan desde temas como la pareja, la paternidad, Dios o la politica, abarca todo.

P.: ¿Cómo surgió la idea para que usted sea el nuevo conductor de un programa tan identificado con Jorge Guinzburg como «La Biblia y el calefón»?

S.W.: Primero me llamó Adrián Suar para proponerme la idea, después me contacté con Andrea Stivel y ya tenemos fecha de debut, el domingo 18 de septiembre, a la noche. Se respetará el formato y habrá secciones nuevas.

P.: ¿Pero no teme perder en la comparación?

S.W.: No busco competir sino cumplir mi papel de conductor lo mejor que pueda.

P.: Chiche Gelblung dijo que sin Guinzburg es difícil que funcione.

S.W.: No me importa lo que diga Chiche Gelblung.

P.: En radio cumple 1500 programas con «Metro y medio», ¿sigue el año que viene?

S.W.: No arreglé nada pero creo que seguiremos. La radio es felicidad pura. El miércoles celebramos con la fiesta en el Maipo, donde haremos una especie de radio a la antigua, con locutor en vivo, con banda musical tocando allí y las secciones clásicas.

Entrevista de

Carolina Liponetzky

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