- ámbito
- Edición Impresa
Wainwright, cultor de “pópera” para pocos
Rufus Wainwright exhibió ante un Gran Rex poco poblado su modo de cantar que recuerda al género lírico, al punto de que se ha bautizado “pópera” a lo que hace.
Personaje curioso este artista neoyorquino, que acaba de hacer su debut en Argentina frente a un Gran Rex que no logró colmarse en la primera noche verdaderamente fría del año. Curioso porque a primera vista puede parecer uno más entre tantos baladistas sajones, buenos melodistas y prolijos en su interpretación. Pero lo extraño es que, sin llegar a tener una impostación lírica, su modo de cantar expansivo, abierto, con una voz proyectada, potente- recuerda ese género; tanto que muchos llaman "pópera" a lo que hace. Con eso, sus audiencias más numerosas están en Europa y no en su propio país; y Argentina está aún descubriéndolo.
Con sólo un par de discos suyos editados por aquí el último del año pasado, que vino a presentar, se llama "Out of the Game"-, por el momento, se mantiene reservado para algunos cientos de argentinos curiosos. Y se está haciendo un lugar particular entre la comunidad gay, de la que muy orgullosamente forma parte.
En lo que tiene que ver específicamente con su concierto, Rufus Wainwright seleccionó una lista que incluyó, como era esperable, varios títulos de su álbum más nuevo. Estuvieron "Monatauk", tema dedicado a su pequeña hija, y el hit pedido por el público hasta que finalmente llegó- "Hallelujah", que es en verdad su versión de la pieza de Leonard Cohen.
Se acompañó fundamentalmente con el piano, sin grandes arreglos y limitándose casi siempre a tocar los acordes, plaqué o desplegados a modo de preludio. En un par de momentos, recurrió a la guitarra, también con un acompañamiento rasgueado sin otras pretensiones. Así, con una gran economía de recursos por deseos estéticos, por abaratamiento de costos o por un poco de cada cosa-, las canciones resultaron como maquetas que, en varios casos, parecieron requerir respaldos instrumentales más grandes. Y eso se hizo más evidente por esa expansión vocal de la que hablábamos antes, con un Wainwright que prácticamente desconoce los medios tonos.
Incuestionable en lo formal. Prolijo en su realización. Maravillosamente afinado. Pero también con cierta reiteración de estilo, que se acentúa con esa citada economía de recursos, que va haciendo algo monótono su concierto a medida que va transcurriendo. Así es este cantante distinto que de a poco se irá haciendo más conocido en nuestro país.


Dejá tu comentario