Se mezcló de todo, pero los comentaristas le echaron la culpa al desplome que sufrieron ayer los precios internacionales del petróleo (ver nota aparte). Pero hubo otras razones, desde los temores a que Grecia salga de la eurozona por la crisis política que atraviesa y que contagiaron también a los mercados europeos, y razones técnicas vinculadas con las correcciones que suelen haber siempre a comienzos del año.
El Dow había tenido su último récord hace poco, el 26 de diciembre, y el S&P 500 el 29 de diciembre. Las alzas eran recientes, por lo que también hubo la lógica toma de beneficios. "Estábamos tras recientes récords, así que un retroceso después de un desempeño muy fuerte en diciembre es algo que no es ordinario y no debería atemorizar a la gente", comentó a la cadena CNBC el inversor Matthew Kaufler.
Ayer perdieron casi todos. Ganó el dólar, o, mejor dicho, perdió el euro, debilitado y lleno de malos presagios, que estaba cambiándose por debajo de la barrera psicológica de u$s 1,20, en niveles que no se veían en nueve años. El mercado de deuda se benefició ante la búsqueda de seguridad: la tasa a 10 años cayó al 2,035% contra un 2,123% el viernes y la de 30 años al 2,604% contra un 2,697% el cierre anterior.
En relación con el impacto del precio del petróleo "podemos ver la caída como un elemento positivo para la economía a largo plazo, pero estamos en movimientos muy rápidos", de gran amplitud, y "tal aceleración de la caída del crudo es un signo que genera ansiedad a los mercados", explicó Gregori Volokhine, de Meeschaert New York. Ante "tales caídas del petróleo tienden al final a hacer caer el mercado, incluso si no hay correlación directa entre estos dos mercados" e incluso si un petróleo menos caro puede ayudar a sostener el consumo, dijo Art Hogan, de Wunderlich Securities.
| Agencias Reuters y EFE, y Ambito Financiero |



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