18 de abril 2016 - 00:00

Wall Street reza por las ventas en descubierto

Wall Street factura. No le importa que la temporada de balances prometa ser la peor desde 2009. Desde el 11 de febrero, cuando Jamie Dimon -el CEO de JP Morgan - desoyó los presagios de una hecatombe y compró para sí medio millón de acciones de su banco, el Dimon rally disparó a la Bolsa un 15%. Esta semana recargó munición volviendo a las fuentes. Otra vez el pesimismo reinante, otra vez los bancos en la picota. De Morgan a Citi, pasando por Bank of America, todos ellos rindieron examen. Los tres redujeron sus utilidades, los tres vieron sus cotizaciones volar, como mínimo, el 7%. La receta: podar primero las expectativas para luego -a la hora de presentar los balances- superarlas con creces. ¿Se podrá llegar muy lejos así? El S&P500 que se mecía al borde del desahucio en febrero hoy araña los récords. ¿Burbuja, quizás? No. El pesimismo es el mayor exceso. El rally de los milagros acumula nueve semanas en cartel; los clientes de Merrill Lynch, por ejemplo, llevan once semanas consecutivas achicando su posición en acciones. Es el dinero inteligente -el de las instituciones- el que se retira. ¿Y quién compra? Los más escépticos de todos. La legión de los vendidos de aire. El índice que lleva Goldman Sachs con los 50 papeles más vendidos en descubierto anotó el salto más potente en seis semanas. Quien no posee el estómago, o las espaldas anchas para soportar un avance a contramano puede tener razón pero debe tirar la toalla. Acorralado, si no quiere que liquiden sus garantías, debe recomprar las acciones que vendió, y cerrar su posición. Así, por reducción de contrapesos, escala la Bolsa.

¿Cuánto más puede trepar Wall Street en tan precarias condiciones de contexto? La Fed de Atlanta sostiene que la economía de EE.UU. apenas se expandió un 0,3% en el primer trimestre. El Fondo Monetario acaba de rebajar (por cuarta vez en un año) sus predicciones sobre el crecimiento global. Y si bien no hay alarma, reconoce que está en modo de alerta. La propia Fed promete cautela ante los riesgos de inestabilidad financiera y económica internacional. Una Fed cautelosa es una invitación a que los inversores sean más agresivos, pero no hay signos de aceptación masiva al convite. Sí en los mercados periféricos, pero no en el corazón de Wall Street.

¿Qué le espera entonces a la Bolsa? ¿Resistirá la tentación de desafiar los récords cuando distan apenas un 2,35%? No se llegó aquí cabalgando sobre la euforia. Las subas de precio rotundas que se observan se montan sobre los activos de precios más rezagados. Como las acciones financieras esta semana, número 10 entre los 10 sectores que conforman el S&P. Sin entusiasmo, y con una expectativa de caída del 9,3% de las ganancias por acción, los inversores preferirán pisar suelo firme antes que saltar a la aventura. No los corre el tiempo, un aliado desde que la Fed le bajó los decibeles a su discurso y se respira un aire de cooperación internacional que consiguió el aparente milagro de subir a todas las autoridades -ministros y bancos centrales del G-20- al mismo barco de la prudencia. Con la mejora de los fundamentos, el mercado bull podrá soltar el galope. Y los fundamentos -la economía y la rentabilidad- mejorarán, lo que no se sabe es cuándo. Bastaría con la estabilidad del dólar, del petróleo y las materias primas para maquillar una fuerte recuperación en las utilidades de las compañías en EE.UU. Pero las firmas aún no lo registran. Así las cosas, el único motor encendido es la pulseada con la terquedad de los vendidos en descubierto. Los especuladores conservan un tercio de las posiciones cortas que tenían en febrero. No cerrarán sus posturas a menos que la Bolsa siga trepando. Y la Bolsa poco tiene para avanzar si no las cierran.

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