Western cósmico con técnica deslumbrante

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«Avatar» (EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir.: J. Cameron. Int.: S. Worthington, Z. Saldana, S. Weaver, S. Lang, M. Rodriguez, G. Ribisi, J.D. Moore, CCH Pounder, P. Mensah, L. Alonso, W. Studi.

En los años 70, James Cameron era un canadiense que se había mudado a los Estados Unidos, y trabajaba como camionero mientras imaginaba las películas que le gustaría hacer. Sueños imposibles, ya que su gusto por los relatos fantásticos, la ciencia ficción y el comic implicaba argumentos totalmente delirantes plagados de efectos especiales por entonces inexistentes, y, por sobre todo, presupuestos pantagruélicos que superaban las más grandes ambiciones de los mayores productores hollywoodenses. Finalmente, cuando pudo dirigir una película, fue «Piraña 2», con unos efectos especiales totalmente chapuceros para los pececitos voladores.

Pasó mucho tiempo desde eso, e incluso mucho tiempo después de «Titanic», para que Cameron pueda desarrollar una de esas historias con las que soñaba en los 70, pero sabiendo que iba a poder hacerlo con todo el presupuesto y los efectos especiales de última generacion necesarios para que las cosas salgan bien.

«Avatar» recuerda mas a «El abismo» que a cualquier otra película de Cameron. Sólo que, en su momento, «El abismo» tenía un concepto demasiado complejo y audaz para los standards hollywoodenses, y el film se exhibió originalmente con unos 50 minutos cortados, arruinando totalmente la trama pensada por el director, que igual que en «Avatar» giraba en torno a atípicas relaciones entre seres humanos y extraterrestres.

Con todo el poder acumulado luego de «Titanic» obviamente ese tipo de problemas no iban a repetirse, y por eso esta película es la apoteosis de esa estética psicodélica con la que soñaba el joven Cameron.

Las historietas de Metal Hurlant (en especial las de Richard Corben y Moebius) y las ilustraciones de Fran Frazetta cobran vida en esta historia sobre un marine lisiado del futuro, que revive dentro del cuerpo sintético (el avatar del título) de un extraterrestre azulado que debe interactuar con los Nabis, habitantes de un planeta donde todos los aspectos de la naturaleza están interconectados de un modo muy especial.

Como en un western cósmico, donde los pieles rojas (en este caso, azules) son los héroes, el espectador está del lado de estos nativos que se niegan a entregar sus tierras urgidas por los terrícolas para un implacable emprendimiento minero. La historia incluye también romance y varios de los lugares comunes del cine de aventuras selváticas clásicas, pero estos lugares comunes están al servicio no sólo de las imágenes alucinantes, sino también de varios conceptos argumentales más audaces que funcionan al mismo tiempo que la trama principal.

En todo caso, hay tanto para ver y es tan fuerte la experiencia «Avatar» que no se la puede analizar completamente en una sola proyección. La película sin dudas debe ser apreciada en 3D (en IMAX también, pero sobre todo en 3D), ya que está concebida para meter directamente al espectador en los paisajes increíbles del planeta Pandora. En especial las escenas de presentación del planeta, con el protagonista indefenso vagando por la jungla de noche, rodeado de extraños seres y plantas luminosas, es un ejemplo perfecto de los alcances inimaginables años atrás a los que llega esta nueva tecnología planteada por James Cameron.

Hay escenas épicas espectaculares, mucha acción y, también, momentos mágicos muy ingenuos, ya que en realidad, todo lo que tiene que ver con el mundo ecológico de los Nabis es de una inocencia propia de una fábula (o de uno de esos posters de psicodelia y fantasía heroica en los que se basa la estética de la película). Hay violencia, pero en niveles controlados, y el fuerte de «Avatar» es su capacidad para transportar al público de una manera casi física a un universo inexistente.

También hay muy buenas actuaciones, como la de Sigourney Weaver, y muy especialmente la del archivillano Stephen Lang. La única queja con respecto a algún rubro de la película es, por momentos, la banda sonora de James Horner, que abusa de ritmos neoafricanos un tanto remanidos.

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