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“Zama”, de Lucrecia Martel, desembarca en Venecia
Adaptación de la novela homónima de Antonio di Benedetto, el film está protagonizado por Daniel Giménez Cacho, en el papel del funcionario de las colonias, y la española Lola Dueñas.
En venecia. Lola Dueñas, Lucrecia Martel y Daniel Giménez Cacho durante la rueda de prensa en el Hotel Excelsior en la presentación internacional de “Zama”.
L. M.: Sí, pero sobre todo a miniestructuras de poder que puede haber en ese lugar donde él está. Todo lo que está fijo, sufre. Todo lo que va y viene con el agua sobrevive. Pero sin embargo en nuestra cultura se ha empecinado en la rigidez, la identidad, el individuo, el sujeto, ser alguien, tener un título, tener un título de lo que sea. Todas esas cosas que nos alejaron de lo nómada nos han vuelto lo psicópatas que somos. Nuestra cultura es una cultura de psicópatas.
P.: Hay un hilo conductor en los protagonistas de sus películas ("La ciénaga", "La niña santa" o "La mujer sin cabeza") que es el deseo y que también se da en este trabajo.
L.M.: El deseo, lo que tiene de interesante, es que tiene una raíz más física que todo lo otro. El deseo se va abriendo sus caminos como puede. Todo lo que nosotros hemos construido casi conspira contra el deseo, esa fuerza enloquecida. Lo que yo siento en común con las otras películas, que es lo que me interesa del mundo, son los personajes que están en los márgenes del poder, que no tienen el poder, son gente que está rasguñando los bordes el poder. O el mundo de las mujeres; lo que es fascinante de su mundo, y es una de sus virtudes, es cómo lograron armar su civilización mujeril en los márgenes del poder. Es muy fácil ver eso en la violencia de género. La violencia de los hombres es la incapacidad de manejar la frustración. En cambio nosotras estamos acostumbradísimas, si no se puede por aquí, nos vamos para el otro lado. Estamos muy acostumbradas a que por muchos lugares no se puede.
P.: Con apenas cuatro películas de ficción está considerada una directora de culto.
L.M.: Es una gran noticia para los que estudian cine que no hay que filmar tanto. Es una idea ecológica, no hay que llenar las góndolas de películas de uno. ¿Tanto tenés para decir? Yo no tengo tanto para decir ni tantas ganas de trabajar.
P.: ¿Esa ha sido la razón por la que ha tardado casi diez años en hacer esta película?
L.M.: No, estaba distraída haciendo otras cosas. Quizás no estuve haciendo cine, pero no estuve lejos de lo que me interesa.
P.: ¿Ve mucho cine?
L. M.: Poco. Yo vengo de Salta, donde no tenía tantas chances de tener una educación cinéfila. Yo me crié con la televisión, leyendo y sobre todo con la tradición oral, con los cuentos, conversando. Para mí, la fuente absoluta de inspiración es la conversación, conversar con la gente y escuchar lo que dice la gente.
| Agencia DPA |


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