De principio a fin, la guerra de Irak fue un dolor de cabeza para George W. Bush. Decidió visitar este fin de semana sorpresivamente Bagdad, y, en conferencia de prensa, un periodista egipcio le arrojó dos zapatos (había quienes decían irónicamente que el agresor era un inversor de Wall St.). Bush, que esquivó los misiles, lo tomó con humor: dijo que los zapatos eran talle 10. Mostró sorprendentes reflejos, los que le faltaron en casi toda su gestión. (Ver más información en pág. 18.)
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