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Zelaya retrasa riesgoso retorno junto a Cristina
El destituido Manuel Zelaya camina junto a Jorge Taiana tras un encuentro en la Organización de Estados Americanos, que dio un ultimátum a los golpistas.
El bloque internacional, en el que juegan un papel primordial los países vecinos que cerraron fronteras, contrasta con la situación interna de su país. El hábil Micheletti, un hombre con cuarenta años de carrera política y una postergada ambición presidencial -ni siquiera pudo ganarle a Zelaya las internas en el Partido Liberal-, también logró un bloque con pocas fisuras. Mientras continuaba la censura, el Congreso buscó anoche darles amparo legal a las detenciones, al decretar la «restricción parcial de las garantías constitucionales». El virtual estado de sitio suspende la libertad de asociación y reunión, y el derecho a la libre circulación.
Pese a todo, Micheletti, que cuenta con el apoyo del Ejército, casi todos los partidos parlamentarios, la Fiscalía General, la Corte y los sectores más tradicionales de la Iglesia, insiste en que no se trata de un golpe de Estado.
«No tengo nada que negociar con la OEA», advirtió. «Desde luego» que Zelaya será detenido por los 18 delitos que pesan en su contra, entre ellos el de «traición a la patria», por los cuales arriesga una condena de 20 años, remarcó el mandatario de facto.
Estas declaraciones encontraron eco en el nuevo canciller del Gobierno interino, Enrique Ortez Colindres, que sentenció que «la soberanía de Honduras no se negocia con la OEA, ni con ningún organismo internacional».
Ya se pronunciaron con firmeza la OEA, la ONU y todos los países de América. Desde España, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero trata de motorizar que todos los países europeos convoquen a sus embajadores, y varios ya lo han hecho.
Micheletti agita la denuncia del «intervencionismo» venezolano como argumento para romper el cerco externo. Si bien Zelaya puso a Honduras dentro del ALBA, fue el propio Micheletti el que destrabó el asunto en el Congreso, al negociar con su ahora enemigo. La intervención de Chávez es «clara y definida» en la situación del país, afirmó el mandatario.
Tal como ha actuado Obama, en realidad, lo que parece ir logrando es que Chávez no emerja como el batallador de América en defensa de la democracia y la injerencia estadounidense. La lección de 2002 parece aprendida para el mandatario demócrata.
(Ver más información sobre la crisis de Honduras en pág. 19.)
Agencias EFE, ANSA, REUTERS y AFP


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