2 de julio 2009 - 00:00

Zelaya retrasa riesgoso retorno junto a Cristina

El destituido Manuel Zelaya camina junto a Jorge Taiana tras un encuentro en la Organización de Estados Americanos, que dio un ultimátum a los golpistas.
El destituido Manuel Zelaya camina junto a Jorge Taiana tras un encuentro en la Organización de Estados Americanos, que dio un ultimátum a los golpistas.
Tegucigalpa - La dura puja en Honduras, que se juega tanto en Tegucigalpa como fuera del país centroamericano, impide prever para qué lado se inclinará la balanza. El regreso previsto para hoy del depuesto Manuel Zelaya, acompañado por Cristina de Kirchner, el ecuatoriano Rafael Correa y el titular de la OEA, José Miguel Insulza, fue pospuesto hasta el fin de semana. Para ello hubo varias razones, una formal.

Zelaya esgrimió que era contraproducente volver a su país antes de que expire el plazo de 72 horas dado por la Organización de Estados Americanos (OEA) en la madrugada de ayer a los golpistas para que reinstalen al presidente. Otra razón poderosa es que, pese a la popularidad de Zelaya en las clases menos pudientes, el mandatario designado, Roberto Micheletti, logró formar un bloque sólido que lo sostiene en el poder, y amenaza con cárcel para Zelaya no bien pise suelo hondureño.

La OEA aprobó por aclamación un plazo de tres días para la restitución, bajo apercibimiento de suspender a Honduras del cuerpo, una de las sanciones más duras con las que cuenta. «Voy a respetar esas 72 horas. Todos los países lo han solicitado», dijo el mandatario depuesto.

Tras el anuncio, Cristina de Kirchner postergó su viaje a Washington para sumarse a la comitiva que acompañará a Zelaya. No dejó de ser un dato oportuno para la Presidente, en plena emergencia sanitaria por la gripe A.

En el marco de un sólido respaldo internacional a la legalidad en Honduras, prácticamente sin fisuras, se sumó el anuncio de que Estados Unidos limitará su cooperación militar con el país centroamericano. En lo inmediato, fueron levantadas las maniobras conjuntas de ambos países en acciones antidrogas y la ayuda en intervenciones humanitarias. Sin embargo, el embajador norteamericano no será removido por el momento. En lo que en los hechos significa un giro copernicano en la política de EE.UU. hacia América Latina hasta hace pocos años, Barack Obama está manejando cuidadosamente los tiempos.

La presión a los golpistas es tanto diplomática como económica. El presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Alberto Moreno, anunció, por su parte, que la ayuda monetaria a Honduras se encuentra en «pausa».

El bloque internacional, en el que juegan un papel primordial los países vecinos que cerraron fronteras, contrasta con la situación interna de su país. El hábil Micheletti, un hombre con cuarenta años de carrera política y una postergada ambición presidencial -ni siquiera pudo ganarle a Zelaya las internas en el Partido Liberal-, también logró un bloque con pocas fisuras. Mientras continuaba la censura, el Congreso buscó anoche darles amparo legal a las detenciones, al decretar la «restricción parcial de las garantías constitucionales». El virtual estado de sitio suspende la libertad de asociación y reunión, y el derecho a la libre circulación.

Pese a todo, Micheletti, que cuenta con el apoyo del Ejército, casi todos los partidos parlamentarios, la Fiscalía General, la Corte y los sectores más tradicionales de la Iglesia, insiste en que no se trata de un golpe de Estado.

«No tengo nada que negociar con la OEA», advirtió. «Desde luego» que Zelaya será detenido por los 18 delitos que pesan en su contra, entre ellos el de «traición a la patria», por los cuales arriesga una condena de 20 años, remarcó el mandatario de facto.

Estas declaraciones encontraron eco en el nuevo canciller del Gobierno interino, Enrique Ortez Colindres, que sentenció que «la soberanía de Honduras no se negocia con la OEA, ni con ningún organismo internacional».

Ya se pronunciaron con firmeza la OEA, la ONU y todos los países de América. Desde España, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero trata de motorizar que todos los países europeos convoquen a sus embajadores, y varios ya lo han hecho.

Micheletti agita la denuncia del «intervencionismo» venezolano como argumento para romper el cerco externo. Si bien Zelaya puso a Honduras dentro del ALBA, fue el propio Micheletti el que destrabó el asunto en el Congreso, al negociar con su ahora enemigo. La intervención de Chávez es «clara y definida» en la situación del país, afirmó el mandatario.

Tal como ha actuado Obama, en realidad, lo que parece ir logrando es que Chávez no emerja como el batallador de América en defensa de la democracia y la injerencia estadounidense. La lección de 2002 parece aprendida para el mandatario demócrata.

(Ver más información sobre la crisis de Honduras en pág. 19.)

Agencias EFE, ANSA, REUTERS y AFP

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