El problema es que la oferta minera no se mueve al ritmo de la demanda tecnológica. Un centro de datos puede construirse en pocos años; una mina de cobre puede necesitar décadas entre exploración, factibilidad, permisos, financiamiento, construcción y puesta en marcha.
Ahí aparece la ventana para la Argentina. El país no llega como productor consolidado, sino como una frontera todavía poco desarrollada. Eso implica más riesgo, pero también más potencial: si los proyectos avanzan, el salto puede ser mucho más visible que en mercados donde la minería ya opera en plena escala.
La Argentina, entre el récord y el salto pendiente
La minería argentina ya empezó a mostrar un cambio de escala, aunque todavía apoyada principalmente en oro, litio y plata. Las exportaciones mineras alcanzaron u$s4.742 millones en el primer semestre de 2026, el mayor registro para ese período desde que existen estadísticas comparables, según un relevamiento de CAEM y la Bolsa de Comercio de Rosario citado por Infobae.
La cifra representó una suba cercana al 75% frente al primer semestre de 2025 y de 156% contra el mismo período de 2024. El oro concentró alrededor del 61% de las exportaciones mineras del semestre, mientras que el litio se consolidó como segundo mineral exportador y aportó cerca de una cuarta parte del total.
Pero el cobre todavía no aparece en los embarques. Según ABECEB, la Argentina proyecta exportaciones mineras por u$s10.000 millones en 2026, u$s18.500 millones en 2030 y más de u$s35.000 millones en 2035. La consultora marca que ese salto estructural dependerá en buena medida del cobre, con más de tres proyectos avanzados que requieren más de u$s28.000 millones.
La diferencia es central: el récord actual muestra que la minería ya aporta divisas. El cobre, en cambio, podría cambiar la escala del sector.
Los proyectos que pueden cambiar el mapa
El mapa argentino tiene nombres conocidos por la industria global: Vicuña, Los Azules, Taca Taca y El Pachón, entre otros. ABECEB los incluye entre los hallazgos de clase mundial que ya surgieron pese a que sólo una parte reducida del territorio con aptitud geológica fue explorada en profundidad.
Vicuña aparece como una de las apuestas más relevantes. BHP y Lundin Mining tienen 50% cada una del joint venture, ubicado en la frontera entre la Argentina y Chile, con una propuesta de desarrollo a gran escala y de larga duración entre cobre y oro.
La cartera todavía está en etapa de desarrollo. Según ABECEB, el país tiene 25 proyectos en producción, ninguno de cobre; siete en construcción, tampoco de cobre; 15 en factibilidad, de los cuales cinco son cupríferos; cinco en prefactibilidad, con uno de cobre; y 88 en exploración, donde 21 corresponden a cobre.
El dato muestra el punto exacto en el que está parada la Argentina. La oportunidad no está en ampliar una producción existente, sino en transformar una cartera de proyectos en minas activas. Ese camino requiere capital, infraestructura, permisos, proveedores, talento y reglas sostenidas durante años.
Un boom de inversión que empieza a tomar forma
El RIGI aparece como una de las herramientas que aceleró la conversación con las grandes mineras. De 43 proyectos presentados bajo el régimen, 19 son mineros; los aprobados suman u$s40.536 millones y los que están en evaluación, u$s119.440 millones.
El informe de ABECEB también presenta al RIGI como canalizador de un nuevo ciclo de inversión minera y plantea que las grandes inversiones pueden despejar cuellos en energía, logística e insumos, con impacto sobre el costo país del ecosistema.
La inversión extranjera directa también empieza a reflejar ese movimiento. De acuerdo con datos del BCRA, el stock de IED minera alcanzó u$s24.849 millones a marzo de 2026, frente a u$s12.402 millones en marzo de 2024. En dos años, el stock se duplicó.
El flujo del primer trimestre de 2026 fue el más alto de la serie del BCRA, con u$s2.799 millones netos de IED minera. El dato muestra que el interés inversor no se limita a discursos o proyecciones: ya empieza a entrar capital para posicionarse en el próximo ciclo.
Fuentes del sector rechazan las críticas al RIGI por los beneficios que otorga a las empresas. Según el Presupuesto 2027 el costo fiscal para el Estado será de más de $50.000 millones. Explican que sin esos beneficios las inversiones no llegarían a tiempo para aprovechar la ventana de oportunidad, y que hoy hay una cruda guerra entre países por atraer los capitales. "Cobre hay en todos lados, el tema es quién lo saca primero y con mejores condiciones", afirmó un especialista.
Exportaciones: la diferencia entre participar y cambiar de liga
Hoy la minería argentina explica cerca del 7% de las exportaciones de bienes y es el sexto complejo exportador del país. En Chile y Perú, la historia es otra: la minería representa 61% de las exportaciones chilenas y 68% de las peruanas.
La comparación ayuda a dimensionar la distancia. En 2025, Chile exportó u$s58.000 millones sólo en cobre y u$s63.000 millones si se suma el resto de la minería. Ese número se acerca a lo que vende al exterior todo el complejo agroindustrial argentino, que ronda entre u$s55.000 millones y u$s60.000 millones anuales.
La Argentina viene de u$s6.074 millones en exportaciones mineras en 2025 y proyecta u$s10.000 millones para 2026. Si la curva de ABECEB se cumple, podría llegar a u$s18.500 millones en 2030 y a u$s35.000 millones en 2035.
Ese salto no resolvería por sí solo todos los problemas externos del país, pero sí cambiaría una cuenta sensible: la disponibilidad de dólares. ABECEB define a la minería como una actividad sistemáticamente superavitaria en divisas, con un aporte acumulado de u$s67.700 millones entre 2010 y los primeros siete meses de 2026.
Chile: reglas, Estado y escala
Chile es el espejo inevitable. No porque la Argentina pueda copiar mecánicamente su modelo, sino porque muestra qué ocurre cuando la geología se combina con inversión, estabilidad normativa e instituciones específicas.
Entre 1990 y 2004, la producción chilena de cobre se multiplicó por 3,4: pasó de 1,59 millones a 5,41 millones de toneladas. En ese mismo período, el PBI per cápita real creció 82%, según datos de CESCO. Además, en el vecino país el 10% de la fuerza laboral total del país está ocupada por la minería.
El cobre también amplió las posibilidades fiscales del Estado chileno. CESCO estima que la actividad aportó u$s154.500 millones acumulados desde 1990, considerando Codelco y las principales mineras privadas.
La estructura institucional fue una parte clave de esa historia. La presentación de CESCO identifica reglas estables, el Código de Minería de 1983, el DL 600 de 1974 para inversión extranjera -menos beneficioso que el RIGI-, el Ministerio de Minería, Cochilco, Sernageomin, Codelco y ENAMI como piezas de un marco que permitió transformar recursos geológicos en inversión, producción y capacidades.
El modelo chileno también tiene una pata impositiva fuerte. La Ley 21.591 estableció un royalty minero con componente ad valorem de 1% sobre ventas anuales de cobre para explotadores con ventas superiores a 50.000 toneladas métricas de cobre fino, y fijó un límite de carga tributaria máxima potencial de 46,5% de la renta imponible operacional minera ajustada.
La enseñanza no es sólo tributaria. Chile logró recaudar mucho porque antes consolidó escala productiva, reglas, infraestructura, institucionalidad y una empresa estatal de peso como Codelco. La discusión argentina, por lo tanto, no pasa únicamente por cuánto cobrarle a una mina, sino por cómo hacer que esa mina exista.
Perú: estabilidad, minería privada y carga fiscal
Perú siguió un camino distinto al chileno, con mayor peso de operadores privados, pero también con una política minera sostenida en el tiempo. La minería representa 9,1% del PBI peruano, 68% de sus exportaciones y 14,9% de la recaudación tributaria.
El marco peruano combina estabilidad para la inversión con instrumentos fiscales específicos para capturar renta minera. El Ministerio de Energía y Minas de Perú publica normativa sobre garantías y promoción de la inversión minera, orientada a ordenar el marco legal para los inversionistas del sector.
En el plano tributario, SUNAT administra el Impuesto Especial a la Minería, que grava la utilidad operativa de sujetos de la actividad minera, además de Regalías Mineras y del Gravamen Especial a la Minería para empresas con convenios con el Estado.
Perú también cuenta con esquemas de distribución territorial de ingresos. El canon minero se distribuye entre gobiernos regionales y locales según índices fijados por el Ministerio de Economía y Finanzas, con criterios legales vinculados a población, necesidades básicas insatisfechas y origen de la producción.
La experiencia peruana deja otra lección: el desarrollo minero necesita reglas para invertir, pero también mecanismos para ordenar la distribución fiscal y social de la renta. Sin esa combinación, la expansión productiva puede convivir con conflictos territoriales, demoras y pérdida de competitividad.
La brecha argentina: poca exploración y muchas provincias por coordinar
El principal límite argentino no parece ser la geología. Según ABECEB, apenas 20% de la superficie con aptitud geológica fue explorada en profundidad. El país perfora entre 3 y 5 metros por kilómetro cuadrado, contra 10 a 15 en Perú y 15 a 20 en Chile.
La diferencia es decisiva porque la minería tiene ciclos largos. El mismo informe advierte que pueden pasar más de 20 años entre el descubrimiento de un yacimiento y el inicio de la producción. Lo que no se explora hoy no genera divisas en la próxima década. Para los especialistas, no puede haber un futuro para la minería sin un nivel de exploración que pueda sostener la producción.
A eso se suma la coordinación federal. La Argentina tiene recursos en provincias distintas, marcos locales de compre, exigencias ambientales, necesidades de infraestructura y demandas sociales que no siempre avanzan al mismo ritmo. El desafío no es sólo atraer a una minera global, sino ordenar el ecosistema que la rodea.
El otro negocio: proveedores, empleo y capacidades
Otro problema que encuentra la minería es la red de empresas proveedoras de servicios, y el debate sobre si el abastecimiento debe ser aportado íntegramente por compañías locales o si se permite que sean extranjeras. El "Compre local" generó problemas para seguir con la producción, e incluso fue rechazado por voces de la industria local y de las propias mineras.
Los regímenes de compre local varían entre provincias y se superponen con la exigencia del 20% de producción nacional prevista en el RIGI. Para la industria, el problema no es desarrollar proveedores locales, sino asegurar escala, calidad y competitividad para abastecer proyectos de clase mundial.
Una mina no termina en la extracción. Antes de producir, demanda caminos, energía, campamentos, movimiento de suelos, obra civil, montaje mecánico, piping, electricidad, instrumentación, transporte, servicios y logística. Después, cuando opera, genera demanda permanente de mantenimiento, químicos, neumáticos, combustibles, energía, monitoreo ambiental, alimentación, transporte y sistemas médicos.
ABECEB estima que más del 60% del CAPEX minero se concentra en obra civil, mecánico/piping y electricidad-instrumentación. Ese dato es importante para la Argentina, porque muestra dónde puede entrar el entramado industrial local si logra adaptarse a estándares mineros internacionales.
En la etapa operativa, la demanda se vuelve permanente. El informe identifica necesidades vinculadas con energía eléctrica, combustibles, lubricantes, manejo de residuos, materiales, transporte, alimentación, vigilancia, telecomunicaciones y logística, entre otros servicios.
El empleo directo no será masivo como en sectores tradicionales, pero sí puede tener salarios altos y fuerte impacto regional. ABECEB estima 33.000 empleos directos y cerca de 105.000 asociados al sector, con salarios de casi tres veces el promedio de la economía.
En las provincias mineras, el peso ya es estructural. La minería explica 84% de las exportaciones de Catamarca y San Juan, 81% de Santa Cruz, 76% de Jujuy y 35% de Salta. En empleo privado registrado representa 14,7% en Santa Cruz, 7,4% en Catamarca, 6,2% en San Juan, 5,9% en Jujuy y 4,5% en Salta.
En un encuentro reservado, voceros del sector industrial mostraron un fuerte rechazo al "compre local", asegurando que termina siendo contraproducente para la actividad. También se escuchó en el mismo sentido a un representante de las empresas mineras. "Porque lo que pasa es que siempre está el que después pregunta 'qué hay para mí' si protegemos a tal industria, y si no recibe nada entonces terminamos generando más antimineros por eso que por ambientalistas", dijo en estricto off.
En ese mismo mitin, surgió la analogía de "la locomotora sin vagones", en referencia al sector energético y en especial a Vaca Muerta. Es decir, un potente motor acelerando a fondo, pero no arrastrando a ningún sector con él. En la minería creen que eso no tiene por qué ser así si se desarrolla una red de proveedores.
La política minera que falta
El cobre exige una discusión más larga que el precio del día. Chile no se volvió potencia por tener cobre bajo la cordillera; lo hizo porque durante años sostuvo reglas, infraestructura, instituciones, capital humano, proveedores, empresas públicas y privadas, y un sistema fiscal capaz de capturar parte de la renta sin frenar la inversión.
La Argentina tiene algunas piezas en movimiento: RIGI, Ley de Inversiones Mineras, proyectos de clase mundial, capital humano, base industrial, provincias con tradición minera y un contexto global favorable. Pero todavía le faltan otras: más exploración, permisos previsibles, infraestructura eléctrica y logística, proveedores certificados, coordinación federal y licencia social sostenida.
El punto no es menor. Si el país quiere llegar a u$s18.500 millones de exportaciones mineras en 2030 y a u$s35.000 millones en 2035, necesita que el cobre deje de ser una promesa de presentación corporativa y pase a ser producción, embarques, empleo, proveedores y recaudación.
La fiebre del cobre ya empezó en el mundo. La pregunta argentina es si llegará a tiempo para convertirla en una nueva fuente de divisas o si volverá a mirar desde la cordillera cómo otros países capturan el valor de un metal que también tiene bajo sus pies.