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21 de diciembre 2022 - 00:01

“Es época complicada para hacer humor libre”

Diálogo con Verónica Llinás y Soledad Silveyra, que vuelven en enero al Teatro Astral con la cuarta temporada de su éxito "Dos locas de remate".

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Dos locas de remate. Verónica Llinás y Soledad Silveyra: los riesgos del humor en tiempos de cancelación.

“El que haga humor antiguo se dará cuenta pero no es bueno decirle a los humoristas lo que pueden decir o no. Hay una policía del pensamiento que está agazapada para salir en cualquier momento. Entonces mejor no hablo de varios temas porque se arma, y así se pierde la espontaneidad que caracteriza al humor”, dice Verónica Llinás, que junto con Soledad Silveyra reponen “Dos locas de remate” en su cuarta temporada, tras giras nacionales y en el exterior. Volverán el 6 de enero al Astral, con funciones de viernes a domingos y dirección de Manuel González Gil. Dialogamos con ambas.

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Periodista: ¿A qué atribuyen este éxito de cuatro temporadas?

Verónica Llinás: El público se ríe mucho y al final se emociona, eso gusta porque si es solo risas sienten que la obra no les dice nada, que es superficial, pero cuando conmueve, ahí cierra. Tenemos buena química con Solita sobre el escenario, la obra está viva, cambia permanentemente, vamos encontrando otros ritmos, descubriendo nuevos chistes, distintas maneras de hacerla e incorporamos mucho al público, que disfruta ver como las actrices entramos y salimos de la obra, se generan varias vías de comunicación

Soledad Silveyra: La obra cala hondo, porque cuando uno se ríe parece que se olvida de todo, y cuando salimos del teatro nos hablan del trasfondo, que es la familia. Es cierto que la obra no es la misma porque trabajamos para mantenernos vivas, no somos fieles al texto y eso también provoca desencuentros. Por eso nos hemos peleado y dicho de todo, como dos niñas nos gritamos, pero siempre volvemos y cumplimos con nuestro deber. Vero dice que soy muy despistada y yo digo que es una vikinga del humor.

P.: La obra cambia permanentemente, ¿no corre riesgo de transformarse en otra cosa?

V.L.: Manuel González Gil otorga mucha libertad, escucha mucho al actor y lo deja jugar. Él viene, ve la obra, opina, pero no dice esto es así o asá, nos da libertad y cada tanto marca algo pero nos la apropiamos. También vamos regulando, a veces las obras se van de las manos, cuando los actores empiezan a morcillear entonces se pierde la obra, en este sentido nos estamos cuidando para que eso nunca pase.

P.: ¿Cuáles son los temas de esta comedia sobre dos hermanas?

S.S.: Los rencores y las miserias de cada una. Pero al final comprenden que la vida pasa por otro lado. Mi personaje puede lograr en el de Llinás una transformación, pero no importa quién transforma a quién, la más débil consigue que la más fuerte, neurótica y loca pueda tener un cambio. Se dice que es un duelo actoral pero ahí alguien siempre muere, queremos ser un dúo y ya nos están ofreciendo otra comedia para hacer juntas tenemos que evaluarlo.

V.L.: Además de la hermandad, se centra en las relaciones familiares, los vínculos complejos, los prejuicios dentro de la familia, el no poder decir cosas, los celos, las traiciones y la muerte. Tiene humor negro porque el reírse de la muerte no es chiste y menos cuando estrenamos, en plena pandemia, la muerte nos estaba encima de la cabeza, y en ese momento la obra se dio como algo liberador. También está esa madre terrible pero siempre con el humor que desacraliza todo y habilita a reír.

P.: Al respecto dijo que al humor se le exige lo que no se le pide a otros géneros.

V.L.: El humor es lo opuesto a lo solemne, que se cree muy importante, en cambio la persona con humor básicamente se toma a sí misma en joda y puede reírse de sí misma. El humor bien entendido es eso, que es muy distinto de la burla. Lo que pase e a través del humor es desacralizado y es cierto que se le pide al humor algo extraño, lo he vivido como humorista. Durante estos años, con el advenimiento de las plataformas y la posibilidad de hacer sketches, recibí mucha agresión de quienes no comprendían que lo que hago es humor, no política ni sectorización. Me río del que está en el poder, un poco como la función bufonesca. El payaso se caracteriza por un humor blanco, torpe o bobo, el bufón es el malito que mete el dedo en la yaga a riesgo de la propia cabeza, es quien le dice al rey algo que no le gusta siempre jugando con ese límite. Me siento más bufón que payaso aunque también pueda serlo, pero muchas veces no se comprende. Me costó dejar de hacer ese tipo de humor porque se tomaba como militancia. Viví especialmente eso, me pidieron corrección política otorgándole a mis chistes un valor que no se le pide a los políticos. A ellos hay que controlar lo que dicen y hacen, no a mi.

P.: ¿Es el fin de los capocómicos?

V.L.: Cualquier chiste desencadena una catarata de agresiones horribles y eso desarticula las ganas ponerse a hacer humor. Es una pena. De alguna manera nos saca una forma de humor que tuvo la Argentina durante muchos años y era buenísmo. El tema de cierto humor que puede ser catalogado de machista o de antiguo es criticado. Gracias al feminismo y la evolución de la humanidad se empezó a descartar un humor sobre la cosificación de la mujer, hay algo de eso que es bueno pero no estoy de acuerdo con la censura del humor. Hay mucha cháchara en torno a lo que se puede, mucho malentendido. Debe ser lógico cuando un movimiento se está formando que se vean estas exageraciones pero es poco estimulante. . Cuando la sociedad se pone muy policíaca la libertad empieza a no existir y eso es una pena.

P.: Estrenaron con aforo reducido y atravesaron cuestiones complejas de salud y un accidente.

S.S.: Pasé una Gripe A que casi me mata y sigo tosiendo, yo tengo enfisema así que no debo fumar, estoy peleando contra mí misma. Cuando estoy con mis nietos no me da ganas pero cuando agarro el teléfono es automático querer fumar. Pero no compro cigarrillos, pido una pitada y me doy cuenta del daño. Me ayudan mis nietos, me han roto atados de cigarrillos, tengo que dar el ejemplo y ejercer la voluntad, tengo que demostrar que puedo dejar el cigarrillo. Cuando estrenamos en pandemia todavía teníamos aforo, ese día no me lo voy a olvidar, más allá del aplauso. Sabemos que un éxito como este no se repite muchas veces en la vida, habré tenido cinco o seis, pienso en las temporadas del Mar del Plata con los galanes, “Perdidos en Yonkers”, que fue un éxito parecido a este pero era un drama. Y “Sabor a miel”, mi primer trabajo, con el que pude comprar la mitad de la casa de mi suegra, la madre de José Jaramillo, de quien nunca me divorcié.

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