Cuatro años antes de convertirse en centenario, murió ayer en Atenas Mikis Theodorakis, el compositor griego más universal del siglo pasado. Aunque su pieza popularísima, la más reiterada ayer en los medios audiovisuales del mundo, fue la danza de “Zorba el griego” que Anthony Quinn y Alan Bates compartieron, tomados del hombro, en el film de Michael Cacoyannis de 1964, el fuerte de Theodorakis no sólo fue estético sino también político, al punto de que se hace imposible distinguir sus partituras de su ideario.
Adiós a Mikis Theodorakis, compositor griego universal
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La casi totalidad de su obra persiguió el objetivo de servir a su lucha contra toda forma de fascismo, y en tal sentido se convirtió en el socio creativo fundamental del cineasta Costa Gavras. Aunque la colaboración entre ambos no fue tan extensa como la de Fellini con Nino Rota, hoy es imposible pensar en clásicos del cine político como “Z” (1969) o “Estado de sitio” (1972) sin que sobrevengan a la mente, junto con sus imágenes, las melodías de Theodorakis,
En su vasta obra también orquestó la poesía de Pablo Neruda (“Canto general”), y más tarde la de García Lorca. Y encontró en María Farandouri la voz por excelenciapara sus melodías.
Nacido el 29 de julio de 1925 en Quíos, Theodorakis participó desde joven en la resistencia contra los nazis. Luchó junto a los comunistas durante la guerra civil griega tras la Segunda Guerra Mundial, fue deportado a la isla prisión de Makrónisos, donde fue torturado. Luego de esto se refugió en París. De regreso en Atenas, se vinculó con Grigoris Lambrakis, diputado del partido de izquierda EDA, asesinado en noviembre de 1963 en Tesalónica por la extrema derecha con la complicidad del aparato del Estado. Este episodio fue la base del film “Z”, en el que Yves Montand interpretó a Lambrakis junto a una pléyade de los actores franceses del momento. Ninguno de ellos cobró por su trabajo. La película recorrió el mundo y hasta ganó el Oscar al Mejor Film Extranjero en 1970. Ese año pudo verse en Buenos Aires, pero el día del estreno se desactivó una bomba en el cine Gran Rex.
En Grecia su popularidad no dejaba de crecer y, para silenciarlo, los coroneles lo volvieron a encarcelar y prohibieron su obra, que se convirtió en símbolo de la resistencia; la junta se vio obligada finalmente a dejarlo partir a París ante la presión internacional.
Sin embargo, el músico no fue ajeno a ciertas contradicciones políticas. En 1974, con la caída de los coroneles, volvió a Atenas para apoyar a Constantin Caramanlis, el estadista de derecha que organizó la vuelta de la democracia.
Theodorakis actuó dos veces en la Argentina. La primera, en 1973, durante los breves meses de ebullición que siguieron al triunfo de Héctor Cámpora, hizo un multitudinario Luna Park con el “Canto General” sobre Neruda. En 1994, también en el Luna Park pero ya con otros aires políticos, se puso al frente de un espectáculo coreográfico en el que participó el bailarín Vladimir Vassiliev. En 2006, en el teatro Coliseo, vino la Orquesta que llevaba su nombre, pero él ya no estuvo personalmente por motivos de salud (aunque, sin viajes tan largos, en Europa continuó dirigiendo hasta hace poco).
Durante la crisis financiera que afectó en 2015 a Grecia se manifestó contras las medidas de austeridad impuestas por los acreedores del país (Banco Central Europeo, Unión Europea y Fondo Monetario Internacional). Justamente, ese es el tema de la película “A puertas cerradas” de Costa-Gavras, estrenada ayer en la Argentina, y cuya banda de sonido, compuesta por Alexandre Desplat, parece citar textualmente sus melodías.
Marcelo Zapata




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