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25 de junio 2002 - 00:00

Alejandro Kuropatwa, una muestra antológica

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Alejandro Kuropatwa y Willy Briones

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Desde los años 70, la avanzada postmodernista se manifiesta también en la fotografía, a partir de artistas como
En la fotografía contemporánea la realidad estructurada y ordenada se desmitifica. En ese contexto, durante los últimos años, una perspectiva nueva - ejemplarmente explicitada por la norteamericana
En los últimos años del siglo XX, vivimos la experiencia estética como reconocimiento de modelos que anticipan mundos nuevos y comunidades diferentes, pero sólo a partir del momento en que estos mundos y estas sociedades se presentan como multiplicidades, de acuerdo con la propuesta de
Para el filósofo berlinés el aura es «la manifestación irrepetible de una lejanía y atañe al valor ritual, cultural de la obra de arte». Por eso reprocha al siglo XIX no haber sabido «responder a las nuevas técnicas con un nuevo orden social». De ahí su intento de definir un arte auténticamente nuevo que pusiera a su servicio los avances de la tecnología. La reproducción se distingue inequívocamente de la imagen. En ésta, la singularidad y la perduración están imbricadas una con otra, de manera tan estrecha como en la reproducción lo está la fugacidad y la posible reiteración.

Para sus fotos en blanco y negro «30 días en la vida de A», 1990, utilizó rollos de película vencida de revelado instantáneo. Durante ese período disparó y consiguió cientos de transparencias que dieron lugar a una sucesión de imágenes ricas en formas y recursos. «Cóctel de 1996», homenajea al cóctel médico más eficaz para combatir el virus del sida. En obras de grandes dimensiones y fuerte compromiso personal presenta toda la artillería de pastillas, pastilleros y blisters para combatir la enfermedad.

Atraído por la seducción femenina, realizó fotos color con fondos neutros de un selecto grupo de mujeres elegantes, representantes del glamour de la alta sociedad argentina. El artista amplifica los adornos y el maquillaje, y busca captar el instante de las Divinas. «Son audaces, sofisticadas, desprejuiciadas. No les importa nada. Son o fueron ricas, más bien son o actúan como si fueran primeras damas, como herederas. Estas mujeres no tienen edad. Son preciosas, todo lo que tienen es precioso», insiste el fotógrafo. Es fiel a los postulados de su Manifiesto: hay que aprender a mirar con humor, pero siendo consciente de que cada imagen tiene que ser una búsqueda y un trabajo de composición.

Su exploración del universo femenino lo lleva a explicitar «En cualquier ópera, una

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