9 de septiembre 2005 - 00:00

Amores victorianos y modernos en gran film

Amores victorianos y modernos en gran film
La exitosa novela de John Fowles «La amante del teniente francés» parecía imposible de llevar al cine. Su historia de base, a la manera de un folletín amoroso del siglo XIX, relata la historia de un joven científico comprometido con una agraciada, aunque un tanto tilinga, señorita de la sociedad británica. Sin embargo, tal compromiso se frustra escandalosamente cuando el hombre se enamora de la «perdida» del lugar: una extraña y bella mujer que suele pasar sus tardes mirando el mar; más precisamente, hacia la lejana costa francesa, allí donde vive el «teniente francés» que la abandonó, y al que ella no puede olvidar. La aventura sentimental revelará más tarde cuánto de fantasía y cuánto de realidad hay en esa historia.

La novela de Fowles, no obstante, sólo tiene ese folletín como pretexto, ya que éste está recorrido, y contrastado, por textos sociológicos, políticos, económicos y eróticos sobre la sociedad victoriana. ¿Cómo llevar a la pantalla tal mixtura? La solución la halló su guionista, el dramaturgo Harold Pinter, quien ideó una película de «cine dentro del cine» para la que escribió un libreto ejemplar. Así, el esplendido film de Karel Reisz («Isadora»), narra paralelamente la historia de ese folletín y la del equipo de filmación que lo está realizando, con un cruce de niveles asimilable al de la novela: en este caso, la paulatina identificación de los actores, en especial Jeremy Irons, que interpreta al joven científico, con sus personajes. Como el héroe del folletín, el actor al que da vida Irons pierde la cabeza por la actriz que es la» amante del teniente francés», Meryl Streep, en una de sus más recordados trabajos para el cine en los tempranosaños 80. Un film para volver a visitar.

Marcelo Zapata

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