10 de octubre 2008 - 00:00

Anahí Berneri, en busca de los diferentes

Anahí Berneri: la realizadora de «Encarnación»debuta como directora teatral con «Nelidora»,sobre dos hermanas siamesas.
Anahí Berneri: la realizadora de «Encarnación» debuta como directora teatral con «Nelidora», sobre dos hermanas siamesas.
Antes de iniciar la producción de su tercer largo metraje al que titulará «Por tu culpa», Anahí Berneri -premiada en varios festivales por «Un año sin amor» y «Encarnación» (revelación actoral de la ex «chica Olmedo» Silvia Pérez) debutó como directora teatral en el Centro Cultural Ricardo Rojas. «Nelidora (o el extraño caso de las hermanas con la piel continua)», del también cineasta Santiago Loza, tiene por protagonistas a dos siamesas enfrascadas en una eterna disputa. La obra se exhibe en la Sala Biblioteca del Rojas, los viernes a las 21.30 hs.

Periodista: ¿Qué la llevó a dirigir teatro?

Anahí Berneri: Siempre me gustó la dirección de actores y le pongo mucha atención en mis películas. En el rodaje, cualquier decisión tiene que ser discutida con el equipo, en cambio la dirección de actores es algo exclusivo del director. Esta pieza me interesó porque habla de algo que está siempre presente en mis películas, el tema de la identidad. Son dos actrices conviviendo en el mismo cuerpo, que durante toda la obra están unidas, espalda contra espalda, con cintas de embalaje. La obra habla de las relaciones afectivas y del poder que se disputa dentro de ellas. No sólo en el vínculo entre hermanas, sino también entre padres e hijos, en la pareja, etcétera. Una de ellas es muy creyente, la otra es atea, una es la favorita del papá la otra de la mamá... pero, a la vez se trata de una obra muy poética en la que conviven el mundo imaginario y el mundo real.

P.: Por lo visto le siguen interesando los personajes fuera de lo normal.

A.B.: Sí, yo trabajo con personajes marginales y lo que me atrajo de esta obra es que estas siamesas son una especie de monstruo. En «Un año sin amor» el monstruo era un enfermo de sida que en su búsqueda afectiva y sexual se interna en el circuito sadomasoquista. Al comienzo el espectador ve un monstruo en él y se asusta, pero después se va identificando con el drama del protagonista. Con « Nelidora» sucede lo mismo, el autor no se quedó en la monstruosidad o la marginalidad de estas siamesas, al contrario, las humanizó y las llevó a una dimensión poética.

P.: ¿Cómo se le ocurrió darle el protagónico de «Encarnación» a Silvia Pérez, cuando ya nadie ponía sus fichas en ella?

A.B.: Para que funcionara la película tenía que ser así, porque «Encarnación» habla justamente de una actriz que perdió su estrellato, su momento de popularidad y ya no sabe quién es. Yo necesitaba a alguien que entendiera ese sentimiento, y como Silvia estaba intentando volver a la actuación sin mucho éxito... La verdad es que en cine uno trabaja -o yo al menos necesito trabajar-con personas que se parezcan al personaje o hayan tenido alguna de sus vivencias. El teatro es distinto, te da otra libertad de creación. En este caso no tuve que lidiar con auténticas siamesas. Pero, en «Encarnación» tuve que vencer los miedos de la actriz frente a tanta exposición pública.

P.: ¿Ella inspiró el guión o fue al revés?

A.B.:
La idea se me ocurrió después de filmar mi opera prima, «Un año sin amor». Ahí tuve mi primer contacto con el mundo de los actores, donde el ego es muy grande. Y, por otra parte, la experiencia de llevar la película a distintos festivales y dar notas, también me llevó a reflexionar sobre mi propia exposición. Todo esto lo proyecté en la imagen de una ex vedette de los '80, de una bella mujer que envejeció, con la idea de exacerbar el asunto y llevarlo al límite.

P.: ¿Es cierto que para poder filmar «Un año sin amor» hizo espionaje en el circuito gay masculino?

A.B.: En realidad el circuito sadomasoquista de Buenos Aires se reduce a unas cuarenta personas que se reúnen en un boliche oscuro. Pero, bueno, había que animarse a entrar. Ahí no permiten el ingreso de mujeres, pero como yo usaba el pelo muy corto, me puse un gorrito y me metí.

P.: ¿No corría el riesgo de que la echaran?

A.B.:
Lo más fuerte que podía suceder era ver a esas veinte o treinta personas teniendo sexo al lado de uno. Hay gente a la que le puede dar mucho asco ver a dos hombres juntos, pero yo estaba interesada en filmar ese mundo que me resultaba tan ajeno como el mundo de las vedettes. Y ambos me resultan particularmente interesantes porque son diferentes del mío.

P.: ¿Ese «descenso» al submundo del cuero y el látigo no afectó su imagen?

A.B.: No, los padres del jardín de mis hijos todavía me siguen queriendo.

P.: ¿De qué trata su próximo largometraje?

A.B.:
De la violencia doméstica, del desborde social y de cómo educamos a nuestros hijos.
Empezamos a filmar el año que viene.

Entrevista de Patricia Espinosa

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