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24 de diciembre 2007 - 00:00

Año de récord histórico para el arte argentino

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A 30 años de su fallecimiento, Benito Quinquela Martín (arriba uno de sus obras emblemáticas) es el artista más demandado de la Argentina.
Este año tuvo el mayor volumen y cantidad de ventas de arte argentino de la historia. Sin duda en las últimas tres décadas se ha valorizado en forma geométrica el arte de los argentinos, que es la estrella de los remates locales.

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Cerca de 4000 obras se han vendido en 16 millones de dólares, lo que significa un crecimiento de 25 por ciento durante el año. En 2006 creció 14 por ciento, y se habían vendido 13 millones, siempre hablando del mercado público de subastas que significa aproximadamente 20 por ciento de las ventas. Por lo tanto, el mercado de arte nacional debe estimarse en una suma cercana a los cien millones de dólares.

En Nueva York en mayo y noviembre hay cuatro remates de arte latinoamericano; normalmente las ventas de arte nacional significaban 1,5 millones; este año se vendieron 147 obras en cerca de 5 millones, lo cual habla de que no son sólo los argentinos los que están comprando. El promedio de venta es de 30.000 dólares, mientras en nuestro pais es de 4.000 dólares, lo cual indica lo barato que es nuestro arte, si se tiene en cuenta que una obra de arte, que es única e irrepetible, vale lo mismo que un plasma.

Cerca de 70 nuevos récords en la cotización pública de nuestros artistas se han alcanzado en este año. Una cantidad importantísima si pensamos que la oferta no ha sido nada extraordinaria, no por culpa de las casas de subastas que se esmeran en conseguir buenas piezas, sino por la retracción de la oferta que ha comprendido que para papel pintado por los gobiernos es mejor tener papel pintado por artistas.

Los artistas más demandados continúan siendo Fray Guillermo Butler, Stephen Koekkoek, Benito Quinquela Martín, Raúl Soldi, Oscar Vaz y Jacques Witjens, de ellos se venden cantidades de obras y son ofertados y demandados con agilidad. Las obras de importancia de Fernando Fader, Florencio Molina Campos y Cesáreo Bernaldo de Quirós brillan por su ausencia en las subastas.

Hay un resurgir del arte contemporáneo que mucho nos alegra. En general, los artistas contemporáneos, salvo excepciones como Roux, Alonso, Presas, Lascano y algún otro, no tienen un buen mercado secundario, como lo son las subastas. Esto está cambiando y hasta la casa Roldán, con buen criterio, realiza subastas de artistas actuales exclusivamente. La demanda es lógica, ya que los nuevos compradores de la franja de entre 24 y 40 años, también con buen criterio, se vuelcan a sus contemporaneos.

Comienza una época de vacas gordas. Luego del boom del mercado en los noventa, en nuestro país todos hemos sufrido de corralitos, devaluaciones y pesificaciones y a partir del año, 2000 el volumen y los precios comenzaron a bajar. Desde hace cuatro años, el mercado crece a una media razonable que nos hace ver con gran optimismo la próxima década en el mercado de arte de nuestro país.

Se abren nuevas galerías y no se cierra ninguna. Se han creado estupendas carreras de gestión cultural como la de la Universidad del Salvador que ya aportan al mercado gente preparada y experimentada. Hay un crecimiento en la oferta de literatura sobre nuestro arte y se nota un cuidado mayor en los catálogos y la presentación de las exposiciones. Surgen nuevos museos, como el extraordinario que creara Ricardo Ubieto en el Tigre y que hoy con justicia lleva su nombre; ha sido visitado por 110 mil personas, lo cual habla a las claras del interés que hay por las manifestaciones plásticas y colecciones bien seleccionadas.

Con alegría vemos que el interior tiene un gran movimiento. La creación del Museo del Palacio Ferreyra, en Córdoba, es un buen ejemplo de lo que debe hacerse para difundir lo mejor de nuestras artes visuales.

Hay cerca de 200 exposiciones para disfrutar en la Argentina, todos los dias y con entrada libre y gratuita. El acceso al arte mejora nuestra calidad de vida y nos hace sentir mejores. Esperamos que en el próximo año se cumplan nuestros pronósticos y que los cerca de 10.000 creadores que trabajan en nuestro país puedan vivir de su arte, sin necesidad de cátedras, talleres u otras actividades que les quitan el tiempo necesario para su quehacer creativo.

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