13 de noviembre 2008 - 00:00

Apenas discreto nuevo film sobre el "Che"

Benicio del Torose suma a lalarga galería deintérpretes queencarnaron aGuevara. «Elargentino» essólo la primeraparte de laversiónSoderbergh.
Benicio del Toro se suma a la larga galería de intérpretes que encarnaron a Guevara. «El argentino» es sólo la primera parte de la versión Soderbergh.
«Che. El argentino» («Che. The Argentine», EEUU-Fr.-Esp., 2008, habl. en esp. e ingl.); Dir.: S. Soderbergh; Guión: P. Buchman; Int.: B. del Toro, D. Bichir, S. Cabrera, C. Sandino Moreno, V. Rasuk, V. Cruz, J. Perugorría.

La campaña de Sierra Maestra, 1957-58, y el discurso en la ONU, 1964 (donde se menciona lo de Bahía Cochinos, 1961) se alternan en esta nueva biografía norteamericana del Che Guevara. Es mejor que aquel «Che!» bizarro que hizo la 20th. Century Fox en 1969 (menguado mérito, diría Borges). El problema, es que, teniendo más duración y presupuesto, no sea mejor que «Hasta la victoria, siempre», de nuestro Juan Carlos Desanzo.

Esto se evidencia sobre todo comparando cómo ambas películas elaboraron la puesta en escena de la Batalla de Santa Clara, que ahora tiene mayor despliegue y cantidad de episodios, pero ni asombra ni emociona, y en algún momento hasta confunde. Tampoco Benicio del Toro supera la credibilidad de Alfredo Vasco, aunque tiene una buena caracterización (en todo caso, ninguno de ellos se acerca a la soberbia que, según ahora dicen, tenía el personaje real). Como sea, lo que aquí vemos es solo la primera parte de un díptico que ha de culminar con el drama de La Higuera, 1967. Cabe atender, por ahora, esta primera parte.

El más novedoso es la presencia, aunque sea muy breve, de otros grupos que luchaban contra Batista, porque en esa lucha participó hasta la Acción Católica, y no sólo el Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro, que luego se adjudicó todos los laureles. Ya alguna vez se hará una película desde la perspectiva de cualquiera de esos otros grupos.

Interesante también todo lo que corresponde a la visita del Che a Nueva York y las Naciones Unidas, un asunto que da para otra película, y aquí permite apreciar su punto de vista (a través del referido discurso, y de un reportaje que va enhebrando el relato de la campaña).

Lástima, a nivel espectáculo, que esos fragmentos neoyorquinos muchas veces interrumpan las escenas de acción, frustrando el ritmo que éstas logran. En fin, todo no se puede, y ya agregará el lector también alguna camisa muy poco sudada, actores desaprovechados, y dos o tres objeciones más, a gusto suyo. Los tiros suenan bien, eso sí, el personaje de Camilo Cienfuegos recupera su buen humor, y seguramente algunas espectadoras van a suspirar por el protagonista. Lo bueno, por último, es que el personaje, definido como argentino ya desde el título, se defina también, en los hechos, como un hombre recto, valiente, empeñado en la educación pública, y (notable escena final) asombrosamente honrado. Ojalá estas virtudes, sobre todo la última, pudieran aplicarse a todos los argentinos que andan por el mundo, y mejor todavía a los que aquí se quedan.

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