3 de agosto 2006 - 00:00

Atractivo panorama del negocio del vino

«Mondovino» ofrece un abarcador panorama de quienes tratan con la uva en diversas partesdel mundo, a la vez que revela algunos entretelones del negocio del vino.
«Mondovino» ofrece un abarcador panorama de quienes tratan con la uva en diversas partes del mundo, a la vez que revela algunos entretelones del negocio del vino.
«Mondovino» (Francia-EE. UU.- Arg. , habl. en francés, italiano,inglés, portugués y español). Dir.: J. Nossiter.

Se estrena al fin este documental, que desde su participación en la competencia oficial de Cannes 2004, ha causado variadas discusiones, y hasta fue éxito de público en Francia y otros países, cosa bastante rara, porque, al menos aparentemente, no está dedicado a los animales ni hace denuncias políticas. Simplemente registra unas cuantas personas dedicadas al negocio del vino.

Pero justo ahí está el detalle, que también aquí motivó ya una buena y extensa discusión entre algunos bodegueros y el realizador John Nossiter, cuando su presentación en el Bafici 2005. Alto, cordial, cineasta y sommelier, Nossiter dijo entonces lo suyo y, en mayor o menor grado, los demás le dieron una parte de la razón, y hasta le agradecieron que haya sacado los trapitos al sol, y los trapiches.

Ocurre que «Mondovino», aunque algo extenso, presenta un panorama muy atractivo de quienes tratan con la uva, sean de Europa, Norteamérica o Sudamérica, grandes o pequeños, innovadores o conservadores, puristas o amantes de la química. Y señala, como una amenaza creciente, la unificación del gusto según pautas de supermercado, en desmedro de los verdaderos vinos regionales, lo que implica algo más que un empobrecimiento cultural.

Dato clave, confirmado por el autor: cada entrevistado eligió por sí mismo el lugar donde quería que lo registren. Así, algunos viejos aparecen recorriendo sus viñedos, o en el living de la casa. Unos gerentes, en un restaurante. La enóloga, en la bodega. Los temibles Mondavi, en un despacho a media luz, arrinconando al camarógrafo. Un discutido consultor internacional (enseña cómo «envejecer» rápidamente el vino, estandarizarlo, etc.), siempre de viaje en su Mercedes. Un crítico, desde la parte alta de su escritorio. Dos bolicheros, junto al mostrador, señalando cómo difieren los precios de vinos de igual calidad, según figuren en una revista especializada. Y así sucesivamente.

Algunos entrevistados son encantadores, otros se hacen odiosos. Unos se limitan a exponer líneas, otros cuentan sus vidas (o la del vecino). Y, entre tantos que hacen el elogio de su «terroir», uno solo les regala, espontáneamente, una botella a los de la película, y ese hombre resulta ser, paradójicamente, el más sencillo de todos, un criollo de Cafayate que apenas tiene una hectárea, pero donde hace un torrontés único.

Acercamiento a las expresiones de una cultura largamente enraizada con la naturaleza, los vaivenes del tiempo, y el placer de compartir.

Advertencia sobre ventajas y riesgos de la globalización y la despersonalización. Detalles de algunos entretelones del negocio. Atractiva pintura de los seres humanos, desde Burgundia para abajo. Todo eso hay en «Mondovino», y también algo más: un elogio a los perros, a la multitud y variedad de perros que, más o menos callados, acompañan a sus dueños en casi todas las escenas de este documental. Prácticamente casi todos los entrevistados tienen uno o más perros. Sólo los malos de la película no tienen perro.

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