Austria y el nazismo por el Bernhard más pasional

Espectáculos

«Heldenplatz (Plaza de los Héroes)» de T. Bernhard. Dir.: E. García Wehbi. Int.: R. Cortese, P. Audivert, M. Alvarez, y elenco. Mús.: M. Delgado. Vest.: M. Liñeiro. Esc.: N. Laino. Ilum.: A. Le Roux (Sala Casacuberta - TGSM.)

Fiel a sus convicciones y mostrando su veta más combativa, el escritor Thomas Bernhard volcó en «Heldenplatz (Plaza de los Héroes)» todo el resentimiento y la frustración que le provocaba Austria, país al que lo unía un vínculo tan explosivo como el que hoy mantiene Fernando Vallejo («La virgen de los sicarios») con su Colombia natal.

El título de esta obra -estrenadatres meses antes de su muerte- hace referencia al principal espacio público de Viena, el mismo donde Hitler fue ovacionado por unas doscientas mil personas, en marzo de 1938, tras anunciar la anexión de Austria en medio de un aparatoso discurso.

Cincuenta años más tarde, ya en 1988, los ecos de aquel contubernio siguen haciendo estragos en los Schuster, una familia judía que tras el suicidio del padre -un reputado profesor que abandonó su exilio en Oxford para volver a aceptar una cátedra en Viena- se dedica a analizar el incorregible antisemitismo de sus compatriotas y a reconstruir la conflictiva personalidad de este filósofo que « nunca disfrutó de la vida» por ser víctima de su propia lucidez.

La pieza es ante todo una suma de disertaciones en torno al matrimonio, la vejez, el teatro, el rol del filósofo, etcétera.

También abundan las arengas contra la desidia de las masas, el fracaso del socialismo o la aparente imposibilidad de revertir conflictos largamente arraigados, como el odio a los judíos. Muchos de estos parlamentos brillan por su agudeza e irreverencia. Tal el caso de las intervenciones de Anna, la hija más batalladora (Maricel Alvarez, quien a partir de esta noche será reemplazada por Juliana Muras), o los comentarios cargados de ironía del anciano tío Robert (Pompeyo Audivert), el único capaz de sobrellevar la conflictiva realidad austríaca sin hacerse mala sangre.

Audivert compone a un viejitomuy simpático y criticón (es quien le aporta mayor teatralidad a la obra) y, de tanto en tanto, «interrumpe» su actuación para apalear a la platea con comentarios que se adaptan muy bien a la realidad argentina. En cambio, el monólogo del ama de llaves (Rita Cortese), que da inicio a la obra, resulta demasiado extenso y aburrido, pese a la mucha garra que le pone la actriz.

Considerando que el teatro de Bernhard es francamente argumentativo, hay que reconocer que el director Emilio García Wehbi cumplió en transmitir con pasión y claridad el pensamiento del autor. Su puesta incluye un video con imágenes de Hitler; música en vivo ejecutada por José Ignacio Tambutti en función de su personaje; una conocida cita de Marx parafraseada por la viuda del profesor: «todo lo que empieza como tragedia termina como comedia», y otra de René Magritte («Ceci n'est pas une pipe»). Esta última -casi un recurso brechtiano- intenta advertir al público sobre los alcances y engaños de la representación teatral.

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