Con fuerte presencia norteamericana, recitales en Harrod's sin asientos ni acústica, y muchísimas películas de diverso mérito, interés, y calidad de copia, donde abundan, como de costumbre, los ejercicios de repetición y los retratos de gente de muy escasa actividad (por no decir algo que sonaría ordinario), el Bafici emerge de Semana Santa mostrando también, por suerte, varias obras atendibles.
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Dentro de las diversas competencias, por el momento cabe señalar el policial australiano «Noise» (buen comienzo, demasiadas charlas apagadas, y buen final), el noruego «Reprise» (dos amigos que se inician como escritores aprenden las vueltas de la vida), el chiste danés «AFR» (la supuesta muerte del primer ministro, relacionada con la de un anarco-gay), la alegórica descripción del duelo de una mujer que perdió su familia (minimalista «La marea», del bahiense Martínez Vignatti, filmada en Claromecó), y dos humoradas juveniles sobre el cine hecho por jóvenes: la macedonia «¿Duele? - El primer Dogma balcánico» y la nacional «UPA! Una película argentina».
Pero lo mejor en competencias, hasta ahora, son tres documentales. Uno, «El corazón», del colombiano Diego García Moreno, sobre las distintas acepciones del término corazón en «un país infartado», como él dice, destacando la sobrevida de un ex militar que todavía lleva esquirlas de una bomba en su propio pecho. Otro, « Fotografías», donde Andrés Di Tella evoca a su madre hindú, y, con su hijo, recorre Areco, Epecuén, y Madrás, llegando a encontrarse con sus parientes lejanos. Un relato sincero, que de paso refleja las miradas de Torcuato Di Tella (su padre), Marta Minujin (amiga de la madre), el cadete Güiraldes, y un polémico paisano de su madre, el único hindú que hubo durante años en la Argentina.
Y el tercero, el hermoso y melancólico relato autobiográfico de Camila Guzmán «El telón de azúcar», sobre su infancia feliz en Cuba, contrastada con la decepción de ver que las cosas nunca serían como le contaron cuando era niña, y que tanto ella como casi todos sus compañeritos de entonces hoy han emigrado a diversas partes del mundo. Premio Cine en Construcción de San Sebastián 2006, éste es también uno de los mejores films de todo el festival de cine independiente.
También hay otro documental, en secciones paralelas, que realmente merece verse, aunque cause tremendo dolor: el valenciano «Las alas de la vida», sobre un médico víctima de un mal neuro-deformante, que pidió ser filmado, para dejar testimonio de cómo iba involucionando a lo largo de tres años, y cómo es posible ir aceptando las leyes de la naturaleza. «De a poco ya no necesitas hacer esto o aquello, un día no necesitas comer, y un día ya no necesitas respirar. Si no hubiera muerte, cada nacimiento sería una tragedia», dice, con gran esfuerzo, y un subtítulo ayuda a que lo entendamos. Hombre admirable, por algo su entereza recuerda la de aquel personaje que inspiró «Mar adentro»: ambos eran gallegos.
Del resto, cabe apuntar algunos films orientales de acción (compensando otras orientales de inacción extrema), dos films de raíz católica de la canadiense Catherine Martin, muy calmos pero valederos, diversas presentaciones de libros, o de obras nacionales de próximo estreno, y las charlas de Lynne Sachs (hace documentales interesantes, aunque afectados por cierta experimentación con tomas fuera de foco y rellenos similares) y Tom Waits (modelo de artista independiente, algunos de sus últimos trabajos fueron para «Shrek 2» y «Robots»).
Digna de apuntar, asimismo, la sutileza y buena educación de la oficina de prensa que, para avisar sobre el levantamiento de una mesa redonda, emitió un comunicado diciendo «La Oficina de Prensa del 9º Bafici tiene el agrado de informar que (tal actividad) se ha suspendido». Como quien dice, nos alegra avisarle que esto por suerte no se hace.
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