17 de abril 2008 - 00:00

Bafici: homenaje por dos a Juanele Ortiz

Gustavo Fontán,director de «Laorilla que seabisma», una delas dos películasconsagradas alpoeta JuaneleOrtiz en elFestival de cinedel Gobierno dela ciudad.
Gustavo Fontán, director de «La orilla que se abisma», una de las dos películas consagradas al poeta Juanele Ortiz en el Festival de cine del Gobierno de la ciudad.
Cosas del Bafici: cuando el jefe de gobierno Mauricio Macri apareció imprevistamente el lunes por los pasillos del Shopping Abasto ( costumbre que suele practicar en muchas otras reparticiones), algunos «ideólogos» del Festival de cine Independiente, que depende del gobierno de la ciudad, se escondieron para no verse obligados a saludarlo en público.

En fin, el festival continúa más allá de todo, con abundancia de películas de moral ambigua y falsos documentales. Uno de éstos, el mexicano «Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo», deleitó ayer con su reportaje a la dueña de una pensión situada justamente en la esquina Shakespeare y Víctor Hugo del DF, a la que años atrás había ido a parar un muy amado huésped, escritor, músico, pintor, buscón nocturno de varones y, en una de esas, también asesino serial de mujeres. Divertidas, la vieja y su doméstica. Un poco estirada, nada más, la película.

También un poquito más larga de lo conveniente, y con alguna que otra elección focal discutible, pero buena en términos generales, resultó «La orilla que se abisma», de Gustavo Fontán, una suerte de acercamiento visual y sonoro al mundo del recordado poeta Juanele Ortiz, cuya voz se escucha, finalmente, recitando con íntima intensidad uno de sus textos líricos. La película, ya se dijo, pudo ser más corta, pero cuando el poeta termina sus versos el clima de recogimiento es tan hermoso que nadie quiere que se prendan las luces de la sala.

El próximo 2 de setiembre se cumplirán 30 años de la muerte de don Juan Laurentino Ortiz, tal su nombre completo, poeta eglógico comunista, feliz cuñado de los hermanos Irazusta, famosos nacionalistas (un curioso detalle que sus exégetas siempre olvidan mencionar). Este personaje, realmente encantador, puede ser visto con su esposa, sus gatos, sus perros, sus bombillas y boquillas larguísimas, y su extrema flacura, en un verdadero documento rodado en 1977 en Super 8, «La intemperie sin fin», del santafesino Juan José Gorasurreta, auténtico rescate del festival. Héroes más cercanos, y menos etéreos, la Tigresa Acuña y los hermanos Luca y Andrea Prodán aparecen hoy en, respectivamente, «Licencia número uno» y «Together», dos documentales de factura más convencional para el gusto del público.

A señalar, de lo visto últimamente, la comedia «Empties», que no es otra que la ya vista en reciente semana de cine checo bajo el título «Botellas descartables», de Jan Sverak, agridulce pintura de un matrimonio de sesentones, donde el marido renuncia a trabajar en la docencia, harto de chicos cada vez más ignorantes y petulantes, y busca otras actividades, incluyendo la experiencia de un vuelo en globo aerostático.

También, el documental uruguayo «El círculo», sobre un ex tupamaro que en su juventud estaba dispuesto a matar, luego, en prisiones, sólo quiso sobrevivir, y hoy es un médico valioso, y el colectivo «Chacun son cinema», producido en Cannes el año pasado por diversos y variados autores, entre ellos, el más risueño es el corto de Walter Salles, donde dos negros brasileños cantan una bolada (especie anterior y superior al rap), burlándose de varios títulos hollywoodenses. Si vieran las cosas llenas de gente joven abúlica que el Bafici publicita como lo mejor del mundo, cantarían «volta a casa, Brad Pitt, te perdonamos».

Postdata. Se teoriza mucho sobre la crisis de las historias. En el documental «En el infierno del Chaco», de 1932, sobre la guerra entre Bolivia y Paraguay, rescatado gracias a Aprocinain y Cinecolor, aparece fugazmente el riojano Almandos Almonacid, jefe de la fuerza aérea paraguaya. Nacido en Chilecito, sin la menor fortuna, ingeniero, agrimensor de peso en Bahía Blanca, aeroclubista, héroe de la aviación francesa en la Primera Guerra Mundial (recibido con lluvia de flores en Buenos Aires, su nombre está tallado en el Arco de Triunfo de Paris), primero en cruzar la Cordillera de los Andes de noche (1920), amigo de Saint-Exúpery, impulsor de la Aéropostale y la Aeroposta SA, inventor de bombas de agua, planeadores, y sistemas de vuelo nocturno, héroe también de la Guerra del Chaco Paraguayo, en su vejez terminó vendiendo condecoraciones y pertenencias para poder vivir siquiera humildemente. He ahí una historia sin teorías ni falsedades, ni jóvenes aburridos.

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