Portada del último libro de Aldo Sessa, dedicado a las estancias. Una larga trayectoria documentando el país en imágenes.
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Algunas de estas estancias fueron testigos de hechos históricos como el caso de La Calavera en el Valle de Lerma ( Salta). Ruta obligada hacia el Alto Perú y La Pampa, por allí pasó Informate más
Santa Catalina en Totoras (Córdoba) pertenece a la misma familia desde hace 230 años.
San Juan Poriahú (San Juan Pobre), en tierra de guaraníes, también fue elegida por los jesuitas que levantaron sus casas entre 1635 y 1650. Un paisaje diferente al de otras regiones del país, en ese entonces, 60.000 hectáreas de esteros poblados de yacarés. Varias páginas están dedicadas al lujo, la opulencia del Palacio San José, una demostración de cómo
De las opulencias del norte, del centro del país o de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, La Porteña en San Antonio de Areco, Villa María en Luján, La Biznaga en Roque Pérez con su parque de 30 hectáreas, Acelain en Tandil, la cámara de Sessa refleja la labor de aquellos pioneros que se atrevieron a plantar raíces en tierras neuquinas.
Mamuil Malal (corral de paloa pique) cuya historia se remonta a 1892 y que continúa a través de 5 generaciones en la misma familia. El paisaje austero, inhóspito, desolado, la construcción de estilo fueguino, techos aireados de chapa acanalada traídos de Inglaterra aparece en José Menéndez (Tierra del Fuego), Harberton (Usuahia), la estancia más antigua de la parte argentina de la isla.
Este libro, además de admirar y sentir paisajes diversos así como arquitecturas pioneras en muchos casos, de carácter modesto pero de hondo contenido espiritual, permite valorar el respeto por la tradición, repasar trozos de la historia, aprender costumbres de los hombres de campo, sus vestimentas, ampliar el vocabulario tan ajeno a los habitantes de la urbe ya que cada estancia va acompañada de un documentado texto, tarea que estuvo a cargo de
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