21 de noviembre 2008 - 00:00

"Boxes" que unen deporte y danza

ExequielBarreras,responsable de«Boxes»,siempre endelicadoequilibrio entreel deporte y ladanza.
Exequiel Barreras, responsable de «Boxes», siempre en delicado equilibrio entre el deporte y la danza.
Deporte y danza. A simple vista poco en común, pero según Exequiel Barreras, deportista, bailarín y creador del espectáculo de teatro-danza-clown «Boxes», son más los puntos de contacto que las asimetrías. ¿ Semejanzas? En ambas puede encontrarse arte, escenografía y vestuario, requieren de público, de «actores» y sus protagonistas hasta padecen las dolencias del cuerpo. «El alto rendimiento en deporte o danza no es saludable. Un entrenamiento tan intenso para el deporte extremo o la danza profesional, con siete horas de trabajo diarios, lastiman el cuerpo, pese a que uno trate de cuidarlo, de comer bien, de descansar, y de tener disciplina. Pero con los años, se torna insalubre», admite Barreras.

Dialogamos con el joven coreógrafo sobre este y otros temas, como su paso por el ballet contemporáneo del San Martín («hay que aceptar la burocracia») y los cuestionados subsidios a la danza. «Boxes» se presenta los viernes en Ciudad Cultural Konex.

Periodista: La obra se vale de la danzateatro para abordar el mundo del automovilismo, el box, los juegos de varones, ¿cómo surgió?

Exequiel Barreras: El punto de partida es la carrera donde muere Ayrton Sena, donde los actores son la escudería de Ayrton, y están esperando que el auto llegue, pero no llega nunca porque se accidentó. Lo que me sorprendió tanto y me inspiró para esta obra es cómo esa carrera puede convertirse en metáfora de la vida pues, mientras uno se murió en el camino, el otro, nada menos que Schumacher, siguió corriendo y ganó. Lo que me cautivó es cómo se va escapando y muriendo la gente y uno sigue.

P.: ¿Qué temas recorre la obra?

E.B.:
Varios, por ejemplo qué pasa cuando la mujer amada abandona al marido y surge el conflicto por la división de bienes, también habla de vida, la muerte, las relaciones humanas. La obra se abre constantemente, no se queda en el box, en la carrera, y esto es mostrado desde la danza y el deporte, también desde la psicología de cada personaje. El trabajo con los actores comenzó pregutándoles cómo les gustaba jugar, si en solitario o en equipo.

P.: ¿Qué punto de contacto encuentra entre el deporte y la danza o la actuación?

E.B.: Soy fanático de los deportes. Jugué a nivel federado de chico, fútbol, atletismo, salí segundo en lanzamiento de jabalina, hice salto en alto, softbol. Paralelamente, siempre me llamó la atención la actuación y después la danza. ¿El punto en contacto? El deporte tiene mucho de artístico. no están nada alejados, un estadio es una sala de teatro gigantesca, los jugadores son los actores y representarán después lo que pasará. El deporte tiene una estética muy definida, con un vestuario y escenografías claras, no es lo mismo una cancha de tenis que una de fútbol o una pileta, cada escenografía tiene su color.

P.: Encuentra afinidades en lo formal, ¿pero en el contenido?

E.B.: Lo bueno del juego es que tiene ese suspenso donde uno no sabe que pasará y eso mismo intenté con la obra. Busqué que no cerrara, que no hubiera nada fijo. Muchas veces se intenta que todo salga perfecto, que no exista el error, pero creo que eso es imposible. Con la disposición a reaccionar de acuerdo a lo que sucede, se logra que la obra tenga mucha más vida. Cuando uno trata de esconder el error, enfría la situación.

P.: Usted se desempeñó 6 años como bailarín profesional del San Martín. Como los deportistas, debe haber sufrido lesiones y dolencias...

E.B.: Este año sufrí mi primera lesión profesional, un pequeño desgarro, pero fue poco en relación a mis compañeros, que cada 2 meses se lastimaban, la mayoría debía someterse a operaciones de rodilla, caderas, eran legión los desgarros, distensiones, pero bueno, uno se hace amigo del kinesiólogo, del hielo y se vuelve médico. Llega un momento en que uno se satura, se torna todo medio insalubre, pero al poner en la balanza, la pasión tira, hasta que el cuerpo requiera poner la cabeza en frío.

P.: Usted es aún muy joven, ¿por qué se fue del ballet contemporáneo del San Martín?

E.B.: Al principio fue como un sueño. Después de haber viajado por el mundo haciendo teatro callejero y danza, llegar al San Martín es tenerlo todo. Me maquillan, me hacen la ropa, me la lavan, sólo tengo que calentar el cuerpo y bailar, es realmente muy gratificante. Aunque después de un tiempo se empieza a analizar, a ver, a tomar conciencia real del sistema, de la burocracia.

P.: ¿Se alejó por la burocracia entonces?

E.B.: No es esa la causa pero desgasta. El año pasado el conflicto gremial fue fuerte, surgió por el accidente de una chica del cuerpo de baile y se consiguió que todos los bailarines tuvieran ART. También se logró aguinaldo. Es como todo mecanismo, uno tiene que ser consciente de que trabajando y poniendo garra, se llega. Pero no todo se logra, porque a causa de la burocracia política, muchas cosas no se pueden cambiar.

P.: ¿Por ejemplo?

E.B.:
Están cuestionados los subsidios desde Prodanza. Yo no me quejo porque a mi me lo dieron, pero conozco muchísimos colegas talentosos que presentaron carpetas y no recibieron apoyo. Habría que ver qué presupuesto da Prodanza, es muy bajo, cuando nuestro nivel es igual o mejor que el de los extranjeros, quienes sí reciben mucho apoyo. Es una lástima que haya tanta gente talentosa que tiene que trabajar de mozo para sostener un espectáculo en una sala independiente, y otros que a veces dejan de bailar por esto. Pero el artista tiene que ser inteligente y usar los mecanismos que existen. En mis producciones trato, como sea, que todos cobren, los aristas pero también el que me ayuda a acomodar. Vivo desde los 14 años de la profesión y mi pasión coincide con mi trabajo. Así que por respeto a la profesión, espero que me paguen y también pago.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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