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24 de agosto 2007 - 00:00

Brahms y Chopin por una experta

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Festival Chopiniana 2007. Martha Noguera (piano). Obras de M. Mussorgsky, J. Brahms y F. Chopin. (Salón Los Jardines Hotel Panamericano.)

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Una nueva jornada del Festival Chopiniana 2007 se realizó en el Hotel Panamericano con la pianista argentina Martha Noguera. Artista de gran trascendencia internacional, Noguera es una de las pocas intérpretes argentinas que ha realizado la obra integral para piano de varios compositores: Chopin, Beethoven y Ravel, tarea que completa con actuaciones en distintas ciudades de Europa como concertista y dictando «master classes» y siendo jurado de varios concursos internacionales.

Como presidente del Consejo de Administración de la Fundación Chopiniana es la organizadora del Festival Chopiniana, que habrá de continuar en este mes con los pianistas Eugeni Skorovodnikov ( Ucrania) y Joanna Trzeciak (Polonia).

Noguera realizó un interesante recital que tuvo sus puntos más altos en el romanticismo de Johannes Brahms («Caprichos e Intermezzi», Op.76) y de Fréderik Chopin («14 valses»). La artista brindó versiones de impecable técnica pianística de las piezas de Brahms, jugando hábilmente con los contrastes dinámicos y de color que ellas posen. Impulsiva y apasionada por momentos y melancólica en otros, equilibró con gracia cuatro caprichos y cuatro «intermezzi» con un toque delicado, elegante y con una adecuada administración de «rubati».

Otra muestra del arte de Martha Nogueravino con la interpretación exquisita, plena de matices, de los bellísimos catorce valses de Chopin, que a pesar de ser muy conocidos, siempre resultan placenteros al oído.

«Cuadros de una exposición» es una creación monumental para el teclado, con sus cambiantes ritmos, búsquedas armónicas, colores, misterio y suspenso. La obra maestra de Mussorgski fue expuesta con impronta sinfónica, tal la amplitud del piano tocado con pasión infrecuente por la pianista que eligió la grandeza de ecos orquestales para su ejecución. Vaya como ejemplo la sonoridad del piano en ese fragmento potente y brillante que es «La gran puerta de Kiev», coronación de un recorrido sinuoso y cambiante, de microclimas intensos y extremos a lo largo de los diez cuadros alternados por los paseos.

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