5 de junio 2026 - 11:28

Adiós al Indio Solari: que entre tanta tristeza suene esa música que nos hace vivir

Despidiendo al máximo mito del rock argentino y de cómo fue armar el rompecabezas de Los Redondos y encontrar en "La Misa" un refugio eterno.

El recuerdo de una figura clave en la música argentina. 

El recuerdo de una figura clave en la música argentina. 

Murió Carlos Alberto "Indio" Solari. La noticia que uno jamás quiere escuchar y que tanto cuesta transmitir, finalmente, se convirtió en una triste realidad. Si bien sabemos que la vida está ligada a la muerte por naturaleza, siempre duele.

Hablar de "ídolos populares" a veces es complejo; son figuras que trascienden por completo el ámbito que originalmente las hace reconocidas. Muchas veces sin proponérselo, son personas que llegan a la vida de la gente para instalarse definitivamente. Logran transmitir una emoción que resulta muy difícil de poner en palabras pero que, en un momento así, toca tratar de hacerlo.

Desde que tengo uso de razón, el Indio estuvo ahí, una figura omnipresente de la talla de Diego Maradona, Charly García, Carlos Gardel, The Beatles o The Rolling Stones. Junto a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se convirtieron en una institución sociocultural capaz de desatar las sensaciones colectivas más intensas del país. Uno, cuando es chico, muchas veces no logra dimensionar de qué se trata todo este fenómeno; y ojo, a muchas personas quizás no les llega a generar lo mismo, pero si hay algo que estas figuras jamás provocan en la sociedad es indiferencia.

Vivimos en una sociedad compleja que busca constantemente la alegría, el desahogo, el placer y el olvidarse, aunque sea por un momento, de sus problemas. En esa búsqueda, la música, para muchos, es una respuesta. A veces es críptica, como las letras que el Indio inmortalizó a lo largo de su carrera, pero una respuesta salvadora al fin.

De por qué "el mundo es redondo y de ricota"

Crecí en una casa donde la música siempre estuvo presente. Sonaban diversos géneros y bandas, pero entre todo ese universo sonoro, siempre se filtraba una canción de Los Redondos. De a poco, su música y sus letras me fueron llegando hasta convertirse en una de mis bandas de cabecera.

Por cuestiones de edad —tenía 12 años cuando el grupo se separó en 2001— y tal vez por la falta de alguien que me quisiera llevar, no pude verlos en vivo. Me tocó ser de la generación que tuvo que vivir el fenómeno de forma fragmentada, yendo hacia atrás, armando el rompecabezas a través de grabaciones y relatos.

Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota
El Indio y Skay.

El Indio y Skay.

Sin embargo, el tiempo me dio revancha. Pude ver a Skay Beilinson con su proyecto solista; pude disfrutar en estos últimos años del show de La Kermesse Redonda (encabezada por los históricos exintegrantes Semilla Bucciarelli, Sergio Dawi y Tito Fargo); y tuve la fortuna de presenciar varias veces el imponente ritual ecuménico del Indio Solari al frente de su banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, fundada en el año 2004.

Si bien la obra solista del Indio no me llegó tanto como sus años "redondos", fue —como ya dije— esta etapa la que me tocó experimentar en carne propia. "La Misa", las procesiones ruteras, los viajes compartidos con amigos... las travesías rumbo a Córdoba, San Luis o las emblemáticas noches en el Estadio Único de La Plata. Son recuerdos imborrables que llegaron para quedarse y nunca más irse.

Pienso en lo que significó para mí escucharlo cantar en vivo himnos eternos como "Todo un palo" (Un baión para el ojo idiota, 1988), la sensibilidad a flor de piel con "Juguetes perdidos" (del disco Luzbelito, 1996) o el estallido absoluto al formar parte del pogo más grande del mundo con "Ji ji ji" (clásico fundamental de Oktubre, 1986). "El Indio, mis amigos y yo, todos unidos en un auténtico mar de gente, disfrutando la bendita alegría de estar vivos".

En todo esto que escribo pienso hoy, hay un dejo de tristeza que espero el tiempo haga que vuelva a ser con alegría. Seguramente queda mucho más por decir, pero también pienso que más que decir quizás es mejor escuchar. Al menos que entre tanta tristeza suene una vez más esa música que nos hace vivir.

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