9 de diciembre 2005 - 00:00

Bravos, abucheos y lujo en "prima" de la Scala

Milán (La Vanguardia) --Con el derroche de lujo y ostentación habitual de este acto, con algunas menos caras famosas (encabezadas por el presidente italiano Carlo Azeglio Ciampi), y con grandes medidas de seguridad, tuvo lugar el miércoles la prima de la Scala, quizá el acontecimiento más célebre de la temporada operística internacional o, como mínimo, el más caro, pues buena parte de las entradas puestas a la venta -las de la platea y las mejores de los palcos-costaban dos mil euros, que al parecer, en la reventa se doblaron.

Esta prima -o primera-lo fue por partida doble o triple, pues además de la primera función de temporada fue también la primera prima sin Riccardo Muti en 19 años, los mismos que el famoso director de orquesta ejerció como director musical del teatro, hasta abandonarlo el pasado abril ante las movilizaciones en su contra de toda la plantilla. Y también ha sido la prueba de fuego del nuevo director artístico y superintendente del teatro, Stéphane Lissner, el primer director no italiano de la Scala en sus 227 años de historia. La gran pregunta era cómo recibirían el trabajo de las dos figuras que Lissner eligió como máximos artífices de este Idomeneo, debutantes también en este teatro, el veterano director de escena suizo Luc Bondy y el director de orquesta británico Daniel Harding, de sólo 30 años.

Al final de la función, Daniel Harding recibió grandes aplausos y bravos, mientras que Bondy recibió, mezclados con los aplausos y ovaciones, una buena ración de abucheos. Harding logró hacer olvidar la sombra de Muti, con una dirección cuidada, detallista, brillante, y con la orquesta respondiéndole con entrega. Por su parte, la puesta en escena de Bondy es de esas que algunos califican de exquisitamente sencillas, mientras que otros las ven irritantemente simplonas, con una escenografía integrada tan sólo por unas pequeñas dunas de cartón piedra y unos diaporamas con distintas escenas marinas como telón de fondo. Y con el toque final de convertir la supuesta estatua de Neptuno en un gran cubo que recuerda al monolito de «2001, odisea del espacio», la película de Kubrick. En cuanto al elenco de jóvenes cantantes, Emma Bell (Electra) -se llevó los mayores bravos, pero el principal intérprete masculino, el tenor australiano Steve Davislim (Idomeneo) apenas convenció, entre otras cosas porque se le atragantaron todas las agilidades. El coro de la
Scala estuvo tan fabuloso como siempre.

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