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29 de mayo 2002 - 00:00

Buen retrato del tanguero Cardei

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Está entonces el Cardei del «vasito de whisky» prohibido por los médicos, el que de joven levantaba quiniela y le escapaba a la policía, el de la internación en el Hospital Borda -donde llegó para superar una adicción a la heroína que había adquirido para soportar sus dolores-, el que conquistaba a las chicas con su labia cuando el cuerpo siempre le jugó en contra, el que se atrevió de grande a quemar las naves y abandonar un matrimonio de muchos años, el que jamás se creyó una estrella aunque lo fue -y de eso podemos dar también cuenta quienes tuvimos la suerte de conocerlo-, el que no podía creer que alguien quisiera grabarle un disco, el que fue fiel a su compañero el bandoneonista Antonio Pisano -«Antonito», como él lo llamaba-a pesar de que muchos le aconsejaban el cambio, el que fracasó como comerciante cuando quiso administrar su propio boliche, el que tuvo a Gardel como gran mode-lo pero desde allí construyó su propio discurso.

Seguramente, sería justicia si alguien emprendiera ahora el trabajo de escribir una biografía más formal. Pero esta aproximación, desde la emoción y el afecto que hizo Maratea permitirá descubrir muchas intimidades de un gran artista y acercará su obra. Para quienes ya había tenido el gusto de conocerlo como cantor, será una manera de entender mejor por qué Cardei cantaba del modo en que lo hacía.

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