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26 de junio 2018 - 22:53

Buenos Aires celebra el centenario de la Bauhaus

EL MUSEO DE ARTE DECORATIVO ALBERGA UNA IMPORTANTE EXPOSICIÓN, LLEGADA DESDE ALEMANIA - No deja de sorprender el fuerte contraste de estilos entre el afrancesado Palacio Errázuriz, sede de la muestra, y la modernidad.

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bauhaus. Pete Keler, cuna de madera (1922), una de las muchas creaciones de la escuela fundada por Walter Gropius hace un siglo y que pueden apreciarse en el Museo de Arte Decorativo.
ó a celebrarse en Buenos Aires con la muestra itinerante que llegó desde Alemania al Museo de Arte Decorativo. "El mundo entero es una Bauhaus", sostiene desde el título la didáctica exposición. Y, ciertamente, hoy ha pasado casi una centuria y la poderosa influencia de la escuela alemana, fundada en 1919 en Weimar por Walter Gropius, está todavía vigente. La Bauhaus no envejece. Basta ver las líneas de la arquitectura minimalista junto a los muebles y los objetos que nunca dejaron de fabricarse.

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Al ingresar al palacio Errázuriz, diseñado en 1911, ocho años antes de la creación de la escuela de Weimar, se abre un abismo estilístico. El lugar elegido para albergar la muestra es realmente curioso. Mientras a principios del siglo XX, los artistas y artesanos de la Bauhaus miraban hacia el futuro, la burguesía porteña no podía despegarse del pasado de Francia ni de su pesado ornamento. La exhibición de la Bauhaus relata el paso a paso de la reforma educativa que emprendió la escuela hacia la modernidad que la caracteriza, inspirada en los talleres de artes y oficios de los constructores de las catedrales medievales. Gropius y los maestros, grandes artistas de todas las disciplinas (Klee, Kandinsky, Schlemmer, entre otros); arquitectos, urbanistas y avezados artesanos, trataban de superar la brecha entre el mundo del espíritu y la vida cotidiana. De este modo, brindándole supremacía a la arquitectura, forjaron una educación artística y artesanal, intelectual y práctica, cuya ambiciosa meta era lograr la "obra de arte total" y coincidir con la producción industrial.

El recorrido descubre la alianza entre el arte y los talleres metalúrgicos de donde salían las famosas sillas de metales tubulares; los de cerámica y carpintería; de diseño industrial y de interiores, escenografía, grafismos publicitarios y, entre otros, el de la técnica de la fotografía. La imagen de una clase de gimnasia muestra los cuerpos de verdaderos acróbatas curvados en el aire. La danza y el teatro, la orquestina de jazz, las fiestas, ocuparon un lugar importante durante esos 14 años de enseñanza potente y revolucionaria. Los domingos en el Museo Decorativo hay unas imperdibles performances con trajes diseñados en la escuela.

Las imágenes muestran a los alumnos con peinados que anticipan el estilo punk, y revelan que no la pasaban mal. Disfrutaban de cierta libertad sexual y cuando en 1922 una de las alumnas quedó embarazada, su compañero Pete Keler le llevó de regalo una cuna de madera. Su ultramoderno diseño geométrico se utiliza en la actualidad. La galería de imágenes y los objetos, muestran la vigencia de muchas obras de los maestros, pero también de los alumnos. Hay adelantos como las casas prefabricadas y el público reconoce las sillas, lámparas, teteras o, incluso, la tipografía del húngaro Moholy-Nagy. Sencillamente, las licencias se venden todavía y los fabricantes publicitan estos productos. La exhibición dedica un área a las creaciones más exitosas del mercado, y allí figuran en primer lugar los empapelados, luego los tapices y un juego de ajedrez absolutamente abstracto.

Las maquetas ocupan un capítulo especial. Entre ellas se destacan el rascacielos de vidrio y hormigón de Mies van der Rohe diseñado en 1921. Allí están las casas de Walter Gropius para los alumnos y las de los maestros, en medio de un bosquecito de Dessau, el segundo refugio de la escuela para escapar de la persecución nazi que acabaría por cerrarla en 1933, cuando se encontraba en Berlín. Las gratas casitas de Dessau se alquilan a los turistas por alrededor de 100 dólares.

Expulsados de Alemania, varios maestros viajaron a EE.UU. y se dedicaron a la docencia en diversas universidades. Gropius y Van der Rohe fueron los primeros y a ellos se sumaron Josef y Annie Albers, Herbert Bayer, Walter Peterhaus y Laszlo Moholy-Nagy, quien, en 1937, fundó la "Nueva Bauhaus" en Chicago. La fotógrafa Grete Stern había conocido a Horacio Cóppola en la escuela de Berlín, se casó con él en 1935 y ese mismo año ambos se instalaron en Buenos Aires.

La exhibición es gratuita, extensa pero compacta, y llegó con su catálogo, sus paneles calados de metal plateado y el diseño del montaje calculado al centímetro, sin que falte ni un tornillo. En la Argentina sumaron las visitas guiadas (imprescindibles), los talleres de origami y una informada publicación de la revista "Wipe".

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