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7 de mayo 2007 - 00:00

Caótico Southfest reunió 30.000 fans

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Alrededor de 30 mil fans se reunieron el sábado bajo la tormenta y chapotearon en el barro al ritmo de la electrónica durante la cuarta edición de «Southfest», el festival más importante del año detrás de «Creamfields» y que tuvo el ya clásico lodazal que la mayoría transita alegremente, en éxtasis musical, mientras al día siguiente quedó una zona derruida.

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Por el creciente número de jóvenes que se suma a estas fiestas y para dar respuesta a las quejas de los vecinos de Puerto Madero (por los altos decibeles que no cesan durante 12 horas, desde las 18 del sábado hasta las 6 del domingo), la fiesta que había comenzado en 2004 con menos de 10 mil personas en un predio muy cercano a la zona de hoteles, edificios y restoranes, fue alejada considerablemente.

En plena campaña, el Gobierno de la Ciudad buscó congraciarse con los vecinos de la zona más top de Buenos Aires ( donde se paga 4 mil dólares el metro cuadrado) y sugirió la mudanza a una zona más alejada. Sin embargo, no bastó para que el sonido electrónico se colara o se viera la postal de jóvenes deambulando por esa zona, desde las 5 de la tarde del sábado hasta las 12 del mediodía del día siguiente, con desborde de autos estacionados.

Así, mientras en casi todo el mundo estas megafiestas son clandestinas y su destino se conoce durante la misma noche de su realización, a través de mensajes de texto y caravanas de autos, para evitar que la policía las clausure, en Buenos Aires son legales pero también generan fuertes operativos policiales: en la zona afectada se multiplica la presencia de prefectura, a la que se vio muy activa revisando mochilas e incautando sustancias prohibidas.

Los cuerpos empapados bajo el diluvio o hedorosos en el interior de alguna de las cuatro las carpas, sólo gozaban en la rave, con lo mejor en la carpa principal. Tocó Martín García desde las 22, Mstrkrft a la medianoche, el esperado regreso de David Ghetta a las 2 y el cierre con el holandés Sander Van Doorn.

Ghetta volvió con un set repleto de «hits», para delirio durante un tema propio, «The world is mine» y los que tomó prestados: «Born slippy» de Underwold, «Sweet dreams» de Eurithmix o «Smells like teen spirit», de Nirvana, entre otros. Volvió a conversar con el público local, se paró sobre las bandejas y repitió que Buenos Aires era la capital de las mejores fiestas del mundo. Varios de los extranjeros presentes asentían gustosos.

A las 4 llegó el holandés Sander Van Doorn que tuvo su mejor momento con «Less ordinary» aunque le faltó «Control Freak». Por el «main stage» habían pasado Zugardaddy, Hernán Cattaneo y el cierre con Steve Lawler aunque el diluvio había reducido el público en el exterior y varios a esa hora ya buscaban desesperados un taxi que no estuviera ocupado. Sólo podía encontrarse en Paseo Colón si no se estaba absolutamente embarrado o desorbitado. Es clásica la advertencia de los choferes que circulan a esa hora para rescatar cuerpos extasiados: «Hago una selección para subir a los chicos porque a esta hora el ambiente es muy feo, les pregunto a dónde van, pero si te quieren llevar para la zona sur de la provincia, ahí no voy».

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