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31 de mayo 2006 - 00:00

Cassano merecía algo mejor

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Salvo un par de cuadros y el atendible bailarín Omar Quiroga, ni las coreografías ni el elenco ni la dirección le hacen justicia a una figura de la danza como Eleonora Cassano.
«Cinderella Tango Club». Libro: H. Tritek y E. Marchi. Coreog.: L. Cuello. Luces: S. Pujía. Vest. y esc.: A. Mercado. Dir.: H. Tritek. Int.: Eleonora Cassano y elenco (Teatro Maipo.)

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En muchas oportunidades, el prestigio o la fama de algún artista ha motivado la realización de un espectáculo alrededor de su figura exaltando sus condiciones técnicas, dramáticas o histriónicas. No siempre el contexto alcanza la calidad o la altura estética que tal figura merece.

Ese es el caso de «Cinderella Tango Club», el espectáculo que tiene como eje a Eleonora Cassano. Para que la bailarina se muestre en algunas de sus facetas artísticas se pensó una suerte de adaptación del cuento «La Cenicienta», que traslada las secuencias del original a un sencillo club de barrio, donde la protagonista realiza la limpieza, mientra sueña convertirse en una bailarina y conocer, de paso, a un príncipe azul o algo así, En este caso puntual, un joven de condición social superiora; origen y sustento de más de un culebrón televisivo.

Aquí, la secuencia argumental va por los caminos del baile y la pequeña historia se agranda con una serie de escenas que tienen a Cassano como figura central: una secuencia onírica de ambiente oriental (en un mercado persa), un festejo de carnaval y un concurso de baile, que se mezclan con la pérdida del zapatito y el descubrimiento del amor hacia el final. Eleonora Cassano hubiera merecido una contextualización más rica para exaltar sus innatos valores como bailarina.

Si bien «Cinderella» se parece a un «ballet d'action» (una obra que cuenta una historia a través de la danza) es en realidad un híbrido dirigido por Helena Tritek, que viene del teatro, y no es ni una cosa ni la otra. Tampoco danza-teatro que se mueve con distintos parámetros estéticos. Quizá Cassano, que es una auténtica estrella de la danza de su generación, necesitaba no sólo un mejor sustento teatral sino también coreográfico, ya que los diseños dancísticos de Leonardo Cuello resultan demasiado elementalesen todo el el show, desde ese sueño donde la bailarina puede mostrar su arte en puntas hasta el tango propiamente dicho. En ese sentido, ni los acompañantes -unos diez bailarines actores- ni el instrumentista de bandoneón están a la altura de la étoile.

Sostenida por un partenaire -Omar Quiroga- que la acompaña muy bien y que contribuye con sus condiciones y porte físico atendibles, Eleonora Cassano se muestra muy bella, bien vestida y con su técnica óptima, la misma que le permitió y que la autoriza aún hoy a transitar a Petipa, Robbins o Balanchine, los verdaderos sustentos creativos para su danza superior.

Algunos momentos como el dúo sobre «Vida mía» o la preparación para el baile con «Chiquilín de Bachín» (que se oyen grabadas como el resto de la música) se rescatan de «Cinderella Tango Club», donde se extraña, por ejemplo, a una creadora acostumbrada al escenario del Maipo en su tarea de estilizar el tango como Ana María Stekelman, también responsable de brillantes espectáculos de la misma productora como el reciente «Bocca Tango». Ella hubiera hecho mayor justicia a una estrella como Cassano, que junto a Julio Bocca, justamente, ha escrito páginas magníficas en la danza argentina.

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