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En términos generales, lo que hace este trío debería incluirse en ese gran «paraguas» que es el jazz. Sin embargo, es tan amplio el espectro que abordan, son tantos y tan disímiles los caminos sonoros que recorren, son tan osadas sus búsquedas hacia lugares diferentes, que cualquier rótulo les queda chico. Por momentos hacen rock, pero más desde el espíritu y desde la potencia rítmica que desde la presentación de la melodía acompañada. Por otros, rememoran el «sinfonismo» de los '70, con la utilización de complejos sonoros armónicocontrapuntísticos. Y también van aún más atrás en la elección de timbres de teclados como el del órgano Hammond o el Mini Moog. Y no falta, por supuesto, el lenguaje jazzístico; aunque allí también son muy eclécticos. Recorren el jazz más clásico de los instrumentos acústicos -posiblemente, el espacio en el que logran su punto más alto- o construyen un «free» rabioso, con la más absoluta libertad armónica, tímbrica y formal.
Los temas son en general extensos; en cerca de dos horas de concierto tocaron apenas once piezas, con algunas novedades aún sín título o sencillamente improvisaciones. Y permanentemente sorprenden por el virtuosismo.
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