17 de abril 2007 - 00:00
Celebran a Palladio, arquitecto humanista
-
La nueva película de Netflix grabada en la Cataratas del Iguazú que se convirtió en la más vista de la plataforma
-
Con un regreso triunfal: Netflix estrenó la nueva temporada de una serie muy esperada y popular
Villa Rotonda, Vicenza: un ejemplo de la arquitectura de Andrea Palladio.
Su «maestro y guía» (lo dice él) es Vitruvio, el «único escritor antiguo de este arte», aunque también ha seguido a Leon Battista Alberti cuyo tratado De re aedificatoria («Sobre la edificación») apareció en latín, en 1485, y a Sebastiano Serlio, a quien ha conocido y tal vez leído en sus textos editados en 1537-47.
Palladio difunde, en 1554, «La antigüedad de Roma», especie de relación sobre la arquitectura del ayer y el hoy de la ecuménica ciudad latina. Poco después, ilustra la reedición de Vitruvio (cuyo tratado, escrito a fines del siglo I a.c. había descubierto y popularizado a comienzos del XV), hecha en 1556 por Daniele Barbaro. Palladio también quiere dejar su testimonio acerca de la disciplina, y así publica en Venecia, en 1570, «Los cuatro libros de la arquitectura».
Sin embargo, más que un tratado es una obra de comunicación: Palladio informa, opina y demuestra. Pero la suya es la comunicación de un creador, vertida en el lenguaje más accesible y preciso, como sólo podía hacerlo quien adquiere la sabiduría junto con el poder de transmitirla. Alguien sostuvo que el gran tratadista no siempre es capaz de elaborar el buen manual, pero Palladio llevó a cabo esta tarea. Fue un teórico, sin necesidad de teorizar, y un divulgador, sin necesidad de desmerecer sus conocimientos. Esta obra magna, donde la palabra se alía de manera extraordinaria con el dibujo, conserva tanto su hondura -fruto de la experiencia como autor. Su soltura, fruto del espíritu humanista del ¿Es clásica la arquitectura de Palladio? Sin duda, pero su clasicismo -el de las villas Pisani, en Montagnara; Emo y Rotonda, la «Basílica»de Vicenza, los palacios Thiene, Chiericati, Iseppo Porto y Barbarano, las iglesias de San Giorgio Maggiore y del Redentore de Venecia, el Teatro Olímpico de Vicenza, entre otras creaciones-no procede de una serena imitación de los modelos sino de una apasionada imaginación para redefinirlos. Acaso pueda decirse, entonces, que Palladio fue el último de los clásicos y el primero de los modernos: de ahí, tal vez, su extenso influjo. Pero fue también el primer arquitecto en términos profesionales, que además reunió las dos técnicas hasta entonces independientes, la proyectual y la constructiva. Pudo hacerlo, porque había aprendido la arquitectura de abajo arriba, desde la modestia de su oficio de tallador de piedra y albañil hasta la notoriedad de su posición de creador solicitado.
Alberti había cavado un abismo entre diseño y ejecución a fines del XV, que ha de potenciar toda la teoría de la arquitectura renacentista. Al contrario, Palladio considera indisolublemente ligados a los dos procesos, ya que su experiencia práctica le indica que no pueden ni deben ser disociados, que el proyecto no es una invención mental ajena a los problemas técnicos y a las múltiples circunstancias físicas y económicas suscitadas por su realización, desde el sitio y los materiales hasta la misma capacidad de los operarios. En su quinto centenario, Palladio continúa siendo no sólo una fuente de invención y sabiduría arquitectónicas sino además un ejemplo de cómo hacer arquitectura para los seres humanos.




Dejá tu comentario