17 de abril 2007 - 00:00

Celebran a Palladio, arquitecto humanista

Villa Rotonda, Vicenza: un ejemplo de la arquitectura de Andrea Palladio.
Villa Rotonda, Vicenza: un ejemplo de la arquitectura de Andrea Palladio.
Con motivo de la celebración del quinto centenario del nacimiento de Andrea Palladio (1508-2008), el Centro Internacional de Estudios de Arquitectura Andrea Palladio de la Royal Academy of Arts y el Royal Institute of British Architects de Londres está organizando una muestra con la curaduría de Guido Beltramini y Howard Burns que se inaugurará en el Palazzo Barbaran da Porto en Vicenza, y luego se presentará en Londres y en una tercera etapa en los Estados Unidos. La exhibición se propone presentar la vida, arquitectura y herencia de Palladio y explorar aspectos de su obra que hasta ahora no habían sido presentados adecuadamente.

Palladio no fue solamente un maestro de la creación arquitectónica, sino que además hizo docencia de su disciplina. Incidió largamente en ella a partir de la Gran Bretaña del siglo XVII, hasta alcanzar al resto de Europa y a los Estados Unidos, en el XVIII. Su influencia ha llegado hasta hoy, tal y como se advierte en muchas obras de Mies, Asplund y Le Corbusier.

Andrea di Pietro o Andrea della Gondola, oriundo de Padua (1508), aprende allí el oficio de tallador de piedra y se traslada a Vicenza, en 1524, para seguir ejerciéndolo. Trece años más tarde, hacia 1537, uno de los grandes humanistas de la época, Giangiorgio Trissino, advierte en Andrea una encendida pasión de saber, y se convierte en su mecenas y su educador. A Trissino, que ha establecido dos academias en Vicenza y en Cricoli, su villa campestre -en cuya edificación trabajó el paduano como tallador de piedra y albañil-, deberá Andrea el nombre con el que ha de entrar en la historia: Palladio, mitológica estatua de Palas Atenea, diosa griega de la sabiduría.

Alrededor de 1540, formado ya en Cricoli, Andrea Palladio inicia su labor de arquitecto: diseña entonces la Villa Godi en Lonedo, en las afueras de Vicenza, y la Casa Civena, dentro de la ciudad. Durante las cuatro décadas siguientes, casi hasta su muerte (el 19 de agosto de 1580, unos meses antes de llegar a los 72 años), proyecta y realiza una obra numerosa, de la que han subsistido 18 villas, 9 residencias urbanas, 7 edificios públicos y 6 iglesias, erigidos en Vicenza y sus alrededores, Venecia, Udine y Feltre.

En esos años de actividad, Palladio visita Roma (cuatro veces), Nápoles, Verona, Mantua, Venecia y otras ciudades de Italia así como la Provenza francesa. Son viajes de estudio, para saber de la arquitectura nueva pero, sobre todo, de la antigua, la arquitectura latina, en cuyas creaciones descubre las bases de su arte.

Palladio observa, mide, realiza bocetos y después dibuja, con enorme simplicidad y despierta lucidez.

Su «maestro y guía» (lo dice él) es Vitruvio, el «único escritor antiguo de este arte», aunque también ha seguido a Leon Battista Alberti cuyo tratado De re aedificatoria («Sobre la edificación») apareció en latín, en 1485, y a Sebastiano Serlio, a quien ha conocido y tal vez leído en sus textos editados en 1537-47.

Palladio difunde, en 1554, «La antigüedad de Roma», especie de relación sobre la arquitectura del ayer y el hoy de la ecuménica ciudad latina. Poco después, ilustra la reedición de Vitruvio (cuyo tratado, escrito a fines del siglo I a.c. había descubierto y popularizado a comienzos del XV), hecha en 1556 por Daniele Barbaro. Palladio también quiere dejar su testimonio acerca de la disciplina, y así publica en Venecia, en 1570, «Los cuatro libros de la arquitectura».

Sin embargo, más que un tratado es una obra de comunicación: Palladio informa, opina y demuestra. Pero la suya es la comunicación de un creador, vertida en el lenguaje más accesible y preciso, como sólo podía hacerlo quien adquiere la sabiduría junto con el poder de transmitirla. Alguien sostuvo que el gran tratadista no siempre es capaz de elaborar el buen manual, pero Palladio llevó a cabo esta tarea. Fue un teórico, sin necesidad de teorizar, y un divulgador, sin necesidad de desmerecer sus conocimientos. Esta obra magna, donde la palabra se alía de manera extraordinaria con el dibujo, conserva tanto su hondura -fruto de la experiencia como autor. Su soltura, fruto del espíritu humanista del ¿Es clásica la arquitectura de Palladio? Sin duda, pero su clasicismo -el de las villas Pisani, en Montagnara; Emo y Rotonda, la «Basílica»de Vicenza, los palacios Thiene, Chiericati, Iseppo Porto y Barbarano, las iglesias de San Giorgio Maggiore y del Redentore de Venecia, el Teatro Olímpico de Vicenza, entre otras creaciones-no procede de una serena imitación de los modelos sino de una apasionada imaginación para redefinirlos. Acaso pueda decirse, entonces, que Palladio fue el último de los clásicos y el primero de los modernos: de ahí, tal vez, su extenso influjo. Pero fue también el primer arquitecto en términos profesionales, que además reunió las dos técnicas hasta entonces independientes, la proyectual y la constructiva. Pudo hacerlo, porque había aprendido la arquitectura de abajo arriba, desde la modestia de su oficio de tallador de piedra y albañil hasta la notoriedad de su posición de creador solicitado.

Alberti había cavado un abismo entre diseño y ejecución a fines del XV, que ha de potenciar toda la teoría de la arquitectura renacentista. Al contrario, Palladio considera indisolublemente ligados a los dos procesos, ya que su experiencia práctica le indica que no pueden ni deben ser disociados, que el proyecto no es una invención mental ajena a los problemas técnicos y a las múltiples circunstancias físicas y económicas suscitadas por su realización, desde el sitio y los materiales hasta la misma capacidad de los operarios. En su quinto centenario, Palladio continúa siendo no sólo una fuente de invención y sabiduría arquitectónicas sino además un ejemplo de cómo hacer arquitectura para los seres humanos.

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