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28 de diciembre 2018 - 00:04

Germán García, adiós a un lacaniano pionero

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Germán García. Pese a su condición de autodidacta, fundó escuelas psicoanalíticas e influyó hondamente con sus textos entre los 60 y los 80.

Germán García, psicoanalista de vanguardia y escritor de novelas polémicas como “Nanina”, murió anteanoche luego de una descompensación que había sufrido hacía un mes en su consultorio. El martes pasado había cumplido 74 años. En la Argentina de los 60 los escritos de García, que se formó con Oscar Massota, fueron al psicoanálisis lacaniano lo que el Di Tella a las artes plásticas, y su novela “Nanina”, que lo mostró con el estilo de un Henry Miller criollo, provocó una conmoción en los ambientes literarios de la época, además de generar la censura de la dictadura de Juan Carlos Onganía. La novela había sido editada por Jorge Álvarez, fundador del sello pionero del rock argentino Mandioca y también editor de otros de sus compañeros de ruta, como el citado Massota (“Sexo y traición en Roberto Arlt”, por ejemplo).

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García escribió varios ensayos sobre psicoanálisis, uno de los cuales le valió una beca Guggenheim en los 80, y también otras novelas. La última, “Miserere”, fue editada el año pasado por Mansalva. Semanas antes de su internación, este diario sostuvo en esa editorial, dirigida por el poeta Francisco Garamona, una charla con él sobre el tema “cine y psicoanálisis”, empezando por la famosa película de G.W. Pabst “Secretos de un alma”, que explica según los parámetros del cine mudo la síntesis de las teorías psicoanalíticas. Para García, la compatibilidad del cine e incluso de la música con el psicoanálisis eran un hecho posible, y daba el ejemplo de cómo afectaba una canción, “As Time Goes By”, al personaje de Humphrey Bogart en “Casablanca”. El ejemplo perfecto de esta suerte de “cineanálisis”, para él, se hallaba en el clásico de Fellini “La dolce vita”, ya que el solo recuerdo del film lo llevaba a una época en la que había experimentado grandes cambios en su vida y su forma de pensar. Otro tópico con el que insistía García en los últimos tiempos fue la involución del español, tal como se utiliza en la Argentina. García afirmaba que inclusive en los círculos donde uno se mueve todo se reduce a un “está bueno” o “no está bueno”. Editorial Mansalva planeaba editar su última novela, que estaba por entrar en corrección en agosto.

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