«Déjala sangrar», del dramaturgo chileno Benjamín Galemiri,
es una «crítica» superficial (y con un humor sexual que
quiere parecerse sin éxito al de Steven Berkoff) de los dirigentes
de la extrema izquierda del Chile de los años 70.
«Déjala sangrar» de B. Galemiri. Dir.: P. Contreras. Int.: V.Cosse, A. Flechner, I. Pelicori, H. Peña y T. Vilas. Esc.: J. Sarudiansky. Luces: F.Monti. Vest.: A. Macchi. Coreog.: N. Rodríguez. Mús. Orig. y Dis.sonoro: F. Marrale. (Sala Cunill Cabanella - TGSM)
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Con una trama planteada casi en términos de historieta, abundantes citas cinematográficas, unas cuantas escenas de sexo (en clave paródica) y frases que abusan de una terminología algo estrambótica, esta pieza del dramaturgo chileno Benjamín Galemiri resulta muy confusa, tanto en su planteo dramático como ideológico.
Se trata de una caricatura, tan burlona como superficial, de aquellos dirigentes de extrema izquierda (muchos de ellos provenientes de la elite universitaria) que operaron en Chile durante la década del 70 y que años más tarde abandonaron sus ideales revolucionarios para ocupar altos cargos del gobierno o para convertirse en ejecutivos de grandes empresas.
Es un tema muy polémico y de gran interés que todavía no ha podido ser abordado de este lado de la cordillera. Por otro lado, no hay mejor herramienta que el humor para animarse a derribar este tipo de tabúes y hacer que la incorrección política sirva al menos para movilizar el debate de ideas.
Lamentablemente, la piezade Galemiri ridiculiza en exceso a estos cuatro revolucionarios (sólo una de ellos es de origen proletario pero no se le nota) a los que el autor presenta como una suerte de swingers tirabombas.Sólo conoceremos sus múltiples nombres de guerra, sus cambios de pareja y su promiscua vida sexual, además de una seguidilla de misiones (y traiciones) ejecutadas a tontas y a locas.
¿Cuál es el sustento ideológico de estos individuos? Al autor no le interesan este tipo de cuestiones. Su lavadísima alegoría política se apoya principalmente en un humor sexual, que por momentos, recuerda al de «Decadencia», de Steven Berkoff, pero sólo se trata de una mala imitación.
Un narrador cinéfilo y algo displicente -rol que Villanueva Cosse ejerce con maestría- acompaña la acción con descripciones y comentarios irónicos como para darle cierto orden a las frenéticas peripecias de los protagonistas. Compara algunas situaciones con escenas de grandes películas, describe acciones imposibles (por ejemplo, un encuentro erótico en medio de un incendio provocado por una bomba molotov) y desaparece entre sombras cuando la acción así lo requiere.
El resto del elenco maneja con oficio el clima de farsa que Patricio Contreras le imprimió a esta puesta (su tercer experiencia como director). De todas maneras, la que mejor explota este registro disparatado es la ex Gambas al ajillo Alejandra Flechner, quien además le aporta a su intrigante Theda Goddard un extraordinario magnetismo.
No obstante lo señalado anteriormente, «Déjala sangrar» es una obra que tal vez interese a quienes reclaman algún tipo de autocrítica por parte de la izquierda, aún cuando ésta solo tome la cáscara del asunto.
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