El bailarín
del Colón
Leandro
Reale
protagonizó
con brillo dos
obras del
programa del
Ballet del
SODRE en
el Teatro
Solís de
Montevideo,
que acaba
de ser
reabierto tras
su
restauración.
Montevideo (especial) -El Teatro Solís de Montevideo acaba de reabrir sus puertas luego de ser sometido a una restauración de su edificio, próximo a cumplir los ciento cincuenta años de existencia, que lo han convertido en un centro de gran prestigio en su área, que abarca desde el género dramático hasta la música.
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Por estos días el escenario del Solís recibe a la compañía del Ballet del SODRE, que aún espera la terminación de su sala destinada a las grandes expresiones de la ópera y el ballet. La función inaugural de esta nueva alianza entre el SODRE y el Solís congregó a un público expectante y numeroso que colmó las instalaciones del teatro para presenciar una actuación -que se repetirá en días sucesivos- del renovado conjunto de Ballet del SODRE que dirige con sensibilidad y mano segura la maestra argentina Graciela Piedra, de larga y trascendente carrera en la Argentina.
El programa que presenciamos ofrecía un atractivo menú que comenzó con «Angeles», un ballet pensado exclusivamente para la compañía y que se ofrecía como estreno mundial. Sobre música de Francis Poulenc, el coreógrafo del Ballet de Nashville, Paul Vasterling, diseñó una obra neoclásica de gran refinamiento y exigencias técnicas para un conjunto de diez bailarines que mostraron una disciplina muy acentuada y fina expresividad.
Luego vinieron dos «pas de deux»: uno de aliento romántico con coreografía de Mario Galizzi y música de Serguei Rachmaninov, con vestuario de Roberto Piazza inspirado en un traje de Eva Perón que fuera diseño de la casa Chistian Dior de París.
Lo bailaron muy bien dos figuras del SODRE, Marina Sánchez e Ismael Arias. El otro dúo fue el «Pas d'esclave» con música de Drigo y coreografía de Marius Petipa interpretado por María Noel Bonino y Leandro Reale con acento en la acrobacia dancística del ballet ruso.
Reale, una de las figuras más rutilantes del Ballet Estable del Teatro Colón viajó para asumir este «pas de deux» y también el rol del elfo Puck de «Sueño de una noche de verano», que se estrenaba en el Uruguay en esta ocasión. La creación inspirada por la pieza de William Shakespeare y con música de Félix Mendelssohn Bartholdy, es una de las obras más refinadas y encantadoras de la profusa producción coreográfica de Oscar Aráiz. El conjunto, entonces, dio rienda suelta a un juego escénico dinámico y humorístico, siempre dentro de una atmósfera fantástica de elevado efecto plástico consecuencia de las luces de clima nocturnal del mismo Aráiz, de un estupendo vestuario, rebosante de gasas y lentejuelas, imaginado por Renata Schussheim y el bello decorado sobre el diseño de Carlos Cytrynowski, rehecho por Adan Torres.
En la obra se destacó la totalidad de la compañía del SODRE, sobre todo los ya nombrados Sánchez, Bonino y Arias más Andrea Salazar, Paulo Aguiar, Alejandro González, Francisco Carámbula, Sofía Sajac y un amplio elenco de primeras figuras que incluyó al inquietante «Puck» con toda la energía, picardía y virtuosismo que puede otorgarle al rol Leonardo Reale. El bailarín fue intensamente aplaudido, lo mismo que la compañía del teatro uruguayo, que dirige Piedra, por un público agradecido de haber gozado una velada de ballet de significativo brillo estético.
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