22 de febrero 2006 - 00:00

"Con este calor no podemos hacer un ballet dramático"

Mauricio Wainrot:«Durante casi unsiglo, el varónestuvo relegado dela danza. Sólo enlos últimos añoshemos llegado alequilibrio».
Mauricio Wainrot: «Durante casi un siglo, el varón estuvo relegado de la danza. Sólo en los últimos años hemos llegado al equilibrio».
El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, que dirige Mauricio Wainrot, ofrecerá a partir del próximo sábado en el Teatro Presidente Alvear su primer programa del año, integrado por «Cuatro Estaciones de Buenos Aires» y «4 Janis for Joplin», del propio Wainrot, y «Bésame» de Ana María Stekelman, un recorrido por todas las variantes del amor con una banda sonora que incluye diferentes versiones del bolero «Bésame mucho».

De las tres reposiciones, sólo las dos primeras presentan algunas modificaciones. «Cuatro Estaciones...» (con música de Vivaldi y Astor Piazzolla) es un desprendimiento de «Las ocho estaciones», mientras que «4 Janis for Joplin» podría considerarse la versión definitiva de la obra que Wainrot creó en 1988 para el Ballet Florida de Estados Unidos. Dicha compañía acaba de celebrar su 20° aniversario con el estreno de uno de los trabajos más exitosos de Wainrot, «La consagración de la primavera».

«En esta época del año y con 37 grados de calor, preferí estrenar algo que provocara cierta excitación en el público, y alejarme momentáneamente de las obras dramáticas. Pero a largo del año ya irá apareciendo lo dramático», apunta el director y coreógrafo. Por lo pronto, ya está trabajando en la versión coreográfica de «La tempestad» de William Shakespeare, que estrenará en septiembre en el Teatro San Martín (Sala Martín Coronado), actualmente en plena remodelación.

Periodista: ¿Se redujo para este espectáculo?

Mauricio Wainrot: La sala del Alvear es preciosa, pero como tiene un escenario bastante más pequeño que la Martín Coronado, estoy usando un máximo de 18 bailarinesde los 24 que tiene la compañía.

P.: ¿Qué lo llevó a reestrenar Janis for Joplin?

M. W.: Es una obra que en todos lados ha suscitado el interés del público. La estrené en el Festival de jazz de Monterrey, en 1988.

P.: El mismo festival donde se hizo famosa Janis Joplin.

M.W.: Así es. Después la mostré en 1990, pero no quedé conforme con el resultado. Entre otras cosas a la protagonista se le había roto un dedo antes del estreno y hubo que reemplazarla. Creo que la obra quedó mucho mejor y la considero un estreno. Además, al estar el público más cerca de los intérpretes, las obras ganan en intensidad, sobre todo «Bésame» y « Janis for Joplin» donde se puede apreciar la actuación desgarrada de estas cinco artistas. Con respecto a «Cuatro estaciones porteñas», son tres parejas creando un discurso de amor noctámbulo con la música de Piazzolla. Son las mismas coreografías de «Las ocho estaciones», pero el final, Primavera porteña, lo coreografié de nuevo.

P.: ¿Qué rescató de la personalidad de Joplin?

M.W.: Ella transmite algo muy potente, escucharla cantar resulta escalofriante, con esa voz tan descarnada. Es como si se desgarrara cantando. Murió por sobredosis de heroína en 1970, tres o cuatro días después que Jimi Hendrix. Fue un momento muy especial de la música pop y rock y yo traté de reflejar todo esto en la coreografía. La artista que hace de Janis es Irupé Sarmiento, y está estupenda. Tiene 21 años y es salteña. Bueno, en realidad 70 % de los bailarines que egresan del taller de danza es gente del Interior. Somos muy poquitos los porteños.

P.: Se dice que usted reivindicó el papel del hombre en la danza.

M.W.: Ocurrió algo muy paradójico, porque yo trabajo muy bien con los hombres de todas las compañías y mis obras desarrollan al máximo la potencialidad masculina por su mucha exigencia técnica y artística. Sin embargo los papeles grandes de mis obras son siempre femeninos, ya sea Anna Frank, Janis Joplin, «La consagración de la primavera» o «Medea».

P.: En cierta forma logró un equilibrio.

M.W.: Puede ser, pero yo siento que los hombres han estado muy relegados de la danza durante por lo menos cien años, hasta que apareció Maurice Béjart con su Ballet del Siglo XX en la década del '60. Desde entonces ya nada fue igual. Piense usted que Ravel hizo su «Bolero» para Tania Bari, después lo hizo Maia Plisetskaia, entre otras, y al final lo terminó haciendo Jorge Donn. ¿Y la gente qué recuerda? El «Bolero» de Donn, que hizo 20 años después que Tania Bari.

P.: Y usted se propuso luchar contra la discriminación masculina.

M.W.: Cuando regresé a la Argentina en el 1999 [ Wainrot vivió durante 15 años en el exterior dirigiendo cerca de 44 compañías y estrenando obras propias en distintas plazas de Europa, Estados Unidos y Canadá], ví que la escuela de danza del San Martín tenía uno o dos varonesy 70 chicas. En cambio, en este momento tenemos 15 varones y 15 mujeres. Esa fue mi decisión. Si bien todavía no hemos equiparado la calidad, al menos ahora se presentan 40 hombres y elegimos 15. Antes se presentaban 5 y se tomaba uno.

Entrevista de Patricia Espinosa

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