22 de febrero 2006 - 00:00
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Mauricio Wainrot:
«Durante casi un
siglo, el varón
estuvo relegado de
la danza. Sólo en
los últimos años
hemos llegado al
equilibrio».
M. W.: Es una obra que en todos lados ha suscitado el interés del público. La estrené en el Festival de jazz de Monterrey, en 1988.
P.: El mismo festival donde se hizo famosa Janis Joplin.
M.W.: Así es. Después la mostré en 1990, pero no quedé conforme con el resultado. Entre otras cosas a la protagonista se le había roto un dedo antes del estreno y hubo que reemplazarla. Creo que la obra quedó mucho mejor y la considero un estreno. Además, al estar el público más cerca de los intérpretes, las obras ganan en intensidad, sobre todo «Bésame» y « Janis for Joplin» donde se puede apreciar la actuación desgarrada de estas cinco artistas. Con respecto a «Cuatro estaciones porteñas», son tres parejas creando un discurso de amor noctámbulo con la música de Piazzolla. Son las mismas coreografías de «Las ocho estaciones», pero el final, Primavera porteña, lo coreografié de nuevo.
P.: ¿Qué rescató de la personalidad de Joplin?
M.W.: Ella transmite algo muy potente, escucharla cantar resulta escalofriante, con esa voz tan descarnada. Es como si se desgarrara cantando. Murió por sobredosis de heroína en 1970, tres o cuatro días después que Jimi Hendrix. Fue un momento muy especial de la música pop y rock y yo traté de reflejar todo esto en la coreografía. La artista que hace de Janis es Irupé Sarmiento, y está estupenda. Tiene 21 años y es salteña. Bueno, en realidad 70 % de los bailarines que egresan del taller de danza es gente del Interior. Somos muy poquitos los porteños.
P.: Se dice que usted reivindicó el papel del hombre en la danza.
M.W.: Ocurrió algo muy paradójico, porque yo trabajo muy bien con los hombres de todas las compañías y mis obras desarrollan al máximo la potencialidad masculina por su mucha exigencia técnica y artística. Sin embargo los papeles grandes de mis obras son siempre femeninos, ya sea Anna Frank, Janis Joplin, «La consagración de la primavera» o «Medea».
P.: En cierta forma logró un equilibrio.
M.W.: Puede ser, pero yo siento que los hombres han estado muy relegados de la danza durante por lo menos cien años, hasta que apareció Maurice Béjart con su Ballet del Siglo XX en la década del '60. Desde entonces ya nada fue igual. Piense usted que Ravel hizo su «Bolero» para Tania Bari, después lo hizo Maia Plisetskaia, entre otras, y al final lo terminó haciendo Jorge Donn. ¿Y la gente qué recuerda? El «Bolero» de Donn, que hizo 20 años después que Tania Bari.
P.: Y usted se propuso luchar contra la discriminación masculina.
M.W.: Cuando regresé a la Argentina en el 1999 [ Wainrot vivió durante 15 años en el exterior dirigiendo cerca de 44 compañías y estrenando obras propias en distintas plazas de Europa, Estados Unidos y Canadá], ví que la escuela de danza del San Martín tenía uno o dos varonesy 70 chicas. En cambio, en este momento tenemos 15 varones y 15 mujeres. Esa fue mi decisión. Si bien todavía no hemos equiparado la calidad, al menos ahora se presentan 40 hombres y elegimos 15. Antes se presentaban 5 y se tomaba uno.
Entrevista de Patricia Espinosa


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