Conocida truculencia, con más presupuesto

Espectáculos

«Despertar del diablo» («The Hills Have Eyes», EE.UU., 2006, habl. en inglés) Dir.: A. Aja. Int.: A. Stanford, D. Byrd, E. de Ravin, K. Quinlan, T. Levine, V. Shaw.

En la primera mitad de la película, los buenos casi merecen morir por estúpidos. En la segunda mitad, lo mismo se aplica a los villanos, monstruos mutantes y caníbales, que son combatidos sin asco. Vagamente inspirada en una pintoresca historia de la crónica escocesa del siglo VXII, la trama muestra cómo una familia numerosa, con una debilidad por recorrer quintos infiernos en su casa rodante, es diezmada por unos lugareños mutantes de espantoso aspecto, y espantosas intenciones.

En 1977, cuando se filmó por primera vez (ésta es un remake), la producción era pobre en medios pero generosa en sangre, tripas y violencia gratuita. Ahora el asunto sigue siendo igual de minimalista, y no sólo atraen los paisajes marroquíes y el mayor despliegue de medios: el productor Wes Craven sigue siendo generoso en sangre, tripas y violencia gratuita.

Todo un self made man, Craven comenzó su carrera en el cine de bajísimo presupuesto con un truculento remake contemporáneo del clásico de Ingmar Bergman, «La fuente de la doncella», cuyo argumento sirvió de base a la espeluznante «La última casa de la izquierda». Ya sea reconociendo su talento, o sólo para ahorrarse unos dólares, Craven eligió a un director francés y su equipo de colaboradres europeos para que aggiornen su viejo hit del cine gore.

El guión está lleno de baches y agujeros negros, el principio sigue siendo demasiado lento, y falta el mutante por naturaleza Michael Berryman (no necesitaba efectos especiales, así de guapo era este actor favorito de los «Ramones»). Los momentos tontos e incoherentes siguen presentes en todo el guión, lo que casi podría verse como un homenaje al cine de guerrilla que hacía Craven cuando estaba tan fuera de Hollywood como sus mutantes de un restaurante vegetariano.

Pero las escenas siguen siendo fuertes, crueles y tensas; las masacres pasadas de vuelta siguen provocando chistes y aplausos del público, y hasta hay una leve subtrama sobre el origen -¡atómico!- de estos freaks marginales de Nuevo Mexico, cuyo gobernador debería protestar formalmente por esta descripción hollywoodense tan poco amable. Hay que destacar los excelentes efectos de maquillaje para convertir a los actores en tipos realmente horribles. Los fans del terror pueden pagar la entrada al cine sin temor. Obviamente, Craven no iba a revivir sus viejos monstruos en vano.

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