El planteo es legítimo pero en el mundo de hoy suena demasiado ingenuo y anacrónico, ya que deja al televidente en un lugar absolutamente pasivo y victimizado que poco tiene que ver con los nuevos fenómenos televisivos (empezando por los «reality shows») que para bien o para mal mantienen una relación más dinámica con el espectador que la que plantea esta obra.
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