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La estructura es similar: una reunión de rosarinos fastidiados, que pasan el rato entre bromas, chismes, acusaciones, y algún bochorno, producto del mal vino, hasta que alguien realiza una de esas confesiones de madrugada que hacen crecer a todos. Sólo que Informate más
Nótese bien: los 38, no los 40. Eso, porque también el tono es similar, minimalista, ajeno a las grandes frases y los grandes gestos, salvo los esporádicos, bastante inconducentes, de un payaso violento, que pronto quedan ignorados. Pesan más los reproches resentidos de las mujeres, la divagación que esconde el malhumor, las frases prejuiciosas captadas como por casualidad en medio de charlas banales. Hasta que llega el momento de las confesiones, y empieza a amanecer (un día medio apagado, nada refulgente, a tono con el relato).
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