Luego de que María se jurase no volver a ver a su padre, una inesperada llamada de su madre le dice que él está muriendo en un hospital de Miami y ella decide viajar a verlo; así se van descubriendo las razones de aquel dramático juramento en “Papá querido” (Emecé), novela de Cynthia Wila, abogada y psicóloga, autora de “Pasiones en guerra”, “El cuerpo prohibido” y “Eva y Juan”. Dialogamos con ella.
Cynthia Wila: el regreso de la novela de emociones
Confluencia del mundo psi y el relato existencial, "Papá querido" narra la historia de una hija que decide reencontrar a su padre cuando este agoniza.
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Periodista: ¿Qué la llevó a pasar de la novela histórica a la sentimental?
Cynthia Wila: “Papá querido” es una novela existencial. Tenía ganas de meterme con las emociones universales y no tanto con una historia remota. La intención fue estar más cerca de la vida de cualquiera, que las emociones pudieran transitarse sintiendo que lo que se cuenta le puede pasar o le pasó o es algo parecido a lo que le pasa a cualquier familia. Bueno, también en mis novelas históricas se reflejan las emociones a fondo. No trato los sentimientos de costado sino que busco ponerlos en acción y profundizarlos.
P.: El odio que tiene la protagonista a su padre, ¿surge de una envidia inconfesable?
C.W.: Ese no fue el hilo conductor de la novela, no fue lo que sentí cuando la escribí. Es interesante que cada lector sienta al leerla cosas distintas. Yo buscaba que no el lector no tenga todo dicho, descifrado, que sienta lo que le pasa al ir descubriendo en la lectura la historia de María, de su padre que se está muriendo en un hospital, de su madre, de Vicky, su amiga de la juventud, y de la familia más tarde ella ha formado. Lo interesante de una novela es que haga reflexionar.
P.: Dado que el perdón es central, cuando una persona se aparta de otra, ¿cuál es la que debe pedir perdón?
C.W.: No sé si debe pedir perdón. El alejamiento puede tener muchas raíces. En este caso la protagonista decide alejarse de su padre por una situación vivida que la marcó y la quebró. La quebró tanto que quebró la relación que ella tenía con este papá adorado. El perdón a veces no es necesariamente un camino. A veces uno no puede perdonar. Y a veces uno se impide perdonar y genera mucho dolor para su vida. Lo peor que puede suceder cuando se quiebra una relación es no poner palabras. Es no hablar. Independientemente de si hay perdón o no hay perdón. Tiene que ver con la capacidad de perdonar que tenga cada uno. El hecho de no hablar, de no procesar a través de un diálogo los sentimientos y las emociones más profundas, sobre todo las dolorosas, eso deja con mucha angustia. Y tener mucha angustia retenida implica vivir todo el tiempo en sufrimiento.
P.: El padre idealizado, ¿se derrumba más duramente?
C.W.: Cuando somos chicos por lo general siempre tenemos a los padres idealizados, como modelos aspiracionales, como algo a alcanzar. Esos ideales sobre todo en la adolescencia comienzan a caer. Digo la adolescencia porque es la época en la que uno se rebela y esos padres superpoderosos empiezan a verse como padres que no entienden nada, que no nos comprenden, que antes sabían todo y ahora no saben nada. Luego en la adultez es esperable que uno tiende a sopesar con otro criterio. Esto sabían y de esto no tenían ni idea. Esas contradicciones respecto a nuestros padres se dan a lo largo de nuestra vida. Pero es verdad que si el ideal ha sido muy fuerte la caída del ideal es más dolorosa.
P.: ¿Por qué la acción ocurre en Miami?
C.W.: Conozco de cerca el tema de la salud en Estados Unidos y tenía ganas de contar lo distinto que es afrontar una enfermedad, y las posibilidades que tienen las personas para sanar o no sanar allí y en nuestro país con el sistema de salud que tenemos. Me pareció interesante agregar a las imposibilidades propias de la historia una imposibilidad más, la de enfrentarse a un sistema de salud que tiene mucho que ver con las posibilidades económicas de cada uno. Ese hecho sumaba a una historia existencial que tiene trabas por todos lados. ¿Cómo se hace cuando todo está tan trabado, incluso la salud?
P.: Cuando María viaja a ver a su padre moribundo, el marido como despedida le dice “volvé sana”.
C.W.: Es que la relación con el papá le había dejado a María muchas marcas. Heridas no solo en lo emocional. La crisis emocional la lleva al cuerpo. María había quedado con un sangrado activo cuando le pasa ese hecho central, esa revelación que la golpea, con eso que le ocurre con el padre. Comienza a tener problemas con la alimentación, muchas trabas para poder expresar sus emociones. Por eso el marido que la conoce, que sabe que su mujer va al reencuentro con un papá que no ve hace veinte años, y con esas emociones que la lastimaron, le dice: volvé sana.
P.: Ese drama filial, ¿no muestra que la incomprensión nace de no ponerse en el lugar del otro?
C.W.: La incomprensión surge por el malentendido del lenguaje. Es muy difícil, por más que se lo intente, ponerse en el lugar del otro, poder comprender o sentir lo que siente el otro es casi imposible. Cuando uno habla no puede expresar todo lo que siente y el otro no tiene la capacidad de comprender todo lo que escucha porque el lenguaje también está castrado. La incomprensión generada por la dificultad de decirlo todo se complica el entendernos primero a nosotros y luego entender al otro.




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