13 de febrero 2001 - 00:00

De Raco ratificó su maestría con excelente recital

El pianista Antonio de Raco es una figura legendaria y un referente de la interpretación; con más de 80 años, dicta clases todo el día y todos los días. La nueva generación de pianistas está saliendo muy bien preparada de su estudio, como lo demuestran Horacio Lavandera y Nahuel Clérici entre los notables. Una vida coherentemente dedicada a depurar el sonido pianístico, la expresión y un armado conceptual de las obras para que el oyente reciba un mensaje lógico y directo.

Su recital en el Museo Fernández Blanco abarcó toda la gama de dificultades posibles, y sin el menor asomo de fatiga se dedicó a la música, que fue premiada con una ovación de pie, siendo los jóvenes y adolescentes los más entusiasmados.

Con un clima de reverencial expectativa, inició su recital con la espléndida «Fantasía en Re Menor» de un Mozart que le deja el camino allanado a Beethoven para que iniciara el romanticismo pianístico. Es precisamente en la Sonata conocida como «Claro de luna» donde se consagra ese lenguaje inicial, y va mucho mas allá en el «Scherzo agitato» de la misma, donde De Raco se ajustó más a la claridad del discurso que a la velocidad que le imprimen algunos colegas, deteriorando así el contenido intensamente trágico de la obra.

No es ocioso señalar aquí que en un pianista, una vez que supera a Mozart y Beethoven, el siguiente gran desafío es Chopin; una inter-pretación clara y emotiva del gran polaco es la consagración. Antonio de Raco, en el pináculo de la madurez musical, toca un Chopin más reflexivo que espasmódico, deja que la melancólica ternura de la «Berceuse» contraste con el espíritu aguerrido de la «Balada Nº1 en Sol Menor» y ésta con el temperamental «Scherzo» cargado de notas y cambiante humor, pero que -en la sorpresa de seguir descubriendo matices y los valores reales de las notas-se escuchan con un atrapante interés.

El piano no era una maravilla, pero los dedos prodigiosos de Antonio de Raco lo fueron sacando de su letargo, y el mecanismo respondió para la Sonata del Padre Soler y la toccata «Polichinella» del brasileño Villa Lobos y hasta «cantó» una conmovedora melodía polaca de Chopin en la que metió mano Franz Liszt. En resumen, una noche inolvidable.

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