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4 de septiembre 2007 - 00:00

Debutó admirable orquesta juvenil alemana

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Gustav Mahler Jugendorchester. Dir.: Ph. Jordan. Solista: T. Hampson. Obras de Mahler, R. Strauss y Stravinsky. (Teatro Coliseo.)

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A falta de propuestas del Teatro Colón, el Mozarteum Argentino tomó la posta y brindó la semana pasada algunos de los mejores momentos de esta temporada musical. A dos días de gestar la presentación argentina de la Symphonica Toscanini, dirigida por Lorin Maazel, organizó un concierto de la estupenda «Gustav Mahler Jugendorchester», una orquesta juvenil que no tiene nada que envidiarle en calidad a las grandes orquestas profesionales europeas. Dirigida por el impactante director Philippe Jordan, un joven de particular carisma, los dos conciertos trajeron también la presencia de uno de los barítonos más importantes de la actualidad, Thomas Hampson, estrella del Metropolitan y de Salzburgo, y de la no menos talentosa Nancy Gustafson, otra ilustre voz internacional.

La «Gustav Mahler Jugendorchester» fue fundada en Viena en 1986, por iniciativa de Claudio Abbado, su actual director musical. Este organismo abrió sus puertas a jóvenes músicos provenientes del bloque oriental y, junto a nobeles instrumentistas austríacos, conforman una orquesta de rigurosidad técnica y de elevada categoría musical. Cada sección está integrada por brillantes músicos que, como totalidad, muestran absoluta disciplina y comprensión artística.

El programa de presentación, dedicado en su totalidad a Gustav Mahler (Canciones compuestas en la época de «El cuerno mágico de la juventud» y la Sinfonía N° 6, en La menor) exhibióla perfección de cada sección y la impecable ejecución conjunta.

Philippe Jordan es un director que sabe crear climas mediante impactos emocionales no comunes como sus silencios, por ejemplo (se lo podría comparar en algunos aspectos formales y de contenido con la vehemencia del venezolano Gustavo Dudamel).

Thomas Hampson posee tal dominio de sus posibilidades vocales que todo lo que hace es profundo y expresivo. Tanto las canciones de Mahler elegidas para el primer programa como las seleccionadas para el segundo, lo mostraron como un excepcional intérprete del lied, en actitud, vocalismo, fraseo y trascendencia dramático-emotiva. Hacía mucho tiempo que aquí no se oía a un cantante de esta categoría.

«Muerte y transfiguración», Op. 24, de Richard Strauss y «La consagración de la primavera», de Igor Stravinsky, fueron los extremos del segundo programa, de tan esplendorosa ejecución como pocas veces se oyen en el medio musical argentino. Como en la presentación, una vez más fueron reticentes en los bises, pero los aplausos atronadores igual se hicieron sentir. Comprensiblemente, era difícil dejar la sala.

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